“Tengo un sueño” nos confió Martin Luther King en las escalinatas del Lincoln Memorial en Washington DC aquel 28 de agosto de 1963. La humanidad renovada por guerras y conflictos responde por un momento en esa paz que proporciona la esperanza, como King quería ver a sus hijos descendientes de esclavos escalar futuro con los descendientes de los esclavistas para construir un mundo donde imperaran los derechos humanos y la colaboración cívica para el bienestar de todos. El pastor prebisteriano hablaba en consonancia con el nuevo discurso del papa de Roma, Juan XXIII, que abrió las rancias ventanas de la Iglesia de Roma y purgó decir que soñaron en aquellos años campanadas de gloria. También proclamó presidente de USA a John F. Kennedy, estrenado en su cargo sustituyendo al viejo militar Eisenhover, nos aclaró el día de su investidura: “no pienses qué puede hacer tu país por ti, piensa qué puedes hacer tú por tu país”. Nos hacía reflexionar sobre el valor de la comunidad, marcando un futuro con determinación propia.

Descendiente de emigrantes irlandeses y que hablaba en poesía, marcó un camino que nos podía llevar a las estrellas. O eso creímos hasta el día terrible en que lo mataron, pues Kennedy tuvo una idea genial y puso en marcha un proyecto que llamó Alianza para el Progreso, que trataba de hermanar las repúblicas de América, norte y sur, a través de la cultura y del conocimiento. Se publicaron miles de libros sobre economía, literatura general, pensamiento político... que se tradujeron en México. Me tocó presidir como bibliotecaria la agencia de Venezuela, dar la mano al presidente Kennedy y ser testigo directo de la asistencia a las escuelas rurales, donde se alimentaban las bibliotecas con libros excelentes para elevar el nivel de los profesores, repartiendo incluso folletos específicos para mejor mantenimiento y aprovechamiento de los animales de granja. Recuerdo también un folleto donde se hablaba de la menstruación femenina y de su aseo correcto en un tiempo en que de ello no se hablaba en voz alta. Trabajé 5 años en esa Alianza que intentó procurar progreso, y su lema frente al grito de un hombre un rifle, era más compensado con la identidad y dignidad humana: un hombre un libro.

Hoy en el estado de las cosas el reclamo de Kennedy y su Agencia para el Progreso sigue siendo un proyecto a cumplir, un dueño a realizar, un camino a trajinar más apto a la condición humana que lo que predican los dirigentes que se arrogan el poder y el dominio del mundo. Como Martin Luther King, Kennedy y Juan XXIII, nuestro ánimo debe empeñarse en la realidad de estrechar manos, leer poesía y adoptar conceptos trabajados desde el conocimiento que nos procuran los libros, más que el fácil sometimiento por las armas y las guerras.

Kennedy detuvo la 3ª guerra mundial y perdió su vida en aquella disposición humanitaria. El último libro que catalogué en la biblioteca de la ya extinta Agencia fue el Infirme Warren con sus 40 volúmenes, que trataba de dar pistas del asesinato de un presidente que por un momento nos abrió la puerta de la gloria, el creer que la cultura nos iba a hacer mejores, a lograr la hermandad humana. Ser hombres y mujeres libres en un universo libre.