Hay veces en que el silencio se enreda en el estómago. Otras, se instala en la garganta como una presión que no deja respirar. Si hubiera algo que agradecer de esa inquietud -aunque no sepa bien por qué- sería haber visto Hamnet, la película de Chloé Zhao.
Durante los 125 minutos que dura, la pausa y el silencio se acomodan en el cuerpo y te llevan por la vida y obra de Shakespeare. Haciendo scroll en una red social, topé con dos noticias que parecían responderse. Una hablaba de las protestas en Minneapolis tras el fatal tiroteo de una mujer por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), a menos 30 grados. La otra mencionaba a Sir Ian McKellen interpretando a Thomas More y su monólogo ante la revuelta por la inmigración en Londres, escrito por el Bardo.
Cuatro siglos después del aniversario del nacimiento de William Shakespeare, McKellen estrenaba un papel hasta ahora desconocido. Apelaba a la humanidad en un tiempo de fractura social. En Hamnet encontré el silencio, el terror y la soledad de la muerte filmados desde las entrañas. En la representación del monólogo de McKellen en el programa de Stephen Colbert escuché una voz estruendosa y veraz ante causas actuales.
Y después el silencio de no poder mirar a otro lado. El que deja el arte. El que impone una realidad que interpela.