Redes sociales
Los niños y adolescentes del siglo XXI son ciudadanos que establecen un vínculo con lo tecnológico más natural y normalizado que aquellos a quienes el vanguardismo tecnológico nos ha pillado en una edad más avanzada, no en vano han empezado a tomar conciencia del mundo al que pertenecen inmersos en un entorno completamente digitalizado. La prohibición del uso de plataformas digitales y el acceso a las redes sociales carece de cualquier sentido, pues el entorno que en ellas se crea es el contexto donde la casi totalidad de nuestros jóvenes van a desarrollar muchas de sus capacidades; desde las cognitivas en situaciones de aprendizaje, hasta las sociales a través de interacciones que establecen con otras personas en la red, pasando por todas aquellas que les permiten realizar cualquier tipo de gestiones, búsqueda de información, desarrollo de su creatividad, etcétera. El medio tecnológico y las redes sociales suponen unas poderosas herramientas que brindan interesantes oportunidades y posibilidades de crecimiento y progreso.
Aunque se conciba el veto como una medida contracorriente, muy pocos son los que cuestionan la necesidad de regular el uso y acceso a las redes sociales, siempre y cuando esté dirigida a la protección de los menores, que inevitablemente ya son o van a convertirse en usuarios. Es cierto que la sola regulación no es eficaz, a no ser que se den paralelamente una formación e información de calidad que garanticen la adquisición de habilidades en las chicas/os para desenvolverse en el entorno de las redes con seguridad y con consciencia de los riesgos que en ellas existen, como el ciberacoso, la difusión de bulos, el robo de información privada, la suplantación de identidad, así como el documentado impacto que el inadecuado uso de las redes tiene en la salud mental de las personas; pérdida de autoestima, adicción, aislamiento social e incluso conductas suicidas. Los oligotecnócratas braman contra la regulación que gobiernos como el español tratan de establecer. No lo hacen para preservar la libertad de los usuarios, sino para asegurar que ni su usura, ni el manejo de información ajena se vean afectadas.