Se avistan en el horizonte las elecciones de 2027 y ya ha vuelto el mantra de “Religión fuera de la Escuela”. Los proponentes (PSOE y Contigo-Zurekin) del nuevo recorte a los profesores de Religión quieren una “educación pública laica respetuosa con todas las creencias” y “basada en principios científicos, pedagógicos y de equidad” (Ainhoa Unzu). Sin embargo, abolir la Religión no es respetar las creencias, sino impedirlas todas. Bueno, todas excepto el laicismo que estos políticos imponen bajo capa de neutralidad ideológica.
El estudio de la Religión es un derecho fundamental. Son los padres, que sostienen la Educación pública, quienes tienen derecho a que sus hijos reciban una educación integral que incluya el conocimiento del hecho religioso. Además, sin Religión no hay cultura. Porque, según ese esquema laicista, habría que prohibir el conocimiento de las grandes obras del arte, la literatura o la filosofía. Lo mismo ocurre con la ciencia. ¿Cuántos científicos de primer nivel han sido o son creyentes? ¿Es todavía necesario demostrar que la contraposición entre ciencia y Religión no es más que una patraña? ¿Les suenan de algo a estos políticos Copérnico, Kepler, Galileo, Descartes, Pascal, Newton, Pasteur, Fleming, Mendel, Lemaître, Max Planck, Heisenberg, Eddington, Francis Collins o John Lennox? Por citar solo unos pocos nombres significativos. Podrían leer sus biografías y sus escritos para ilustrarse. Y es que es una sandez extirpar la Religión en nombre de la educación científica, pues, de hecho, las creencias religiosas han servido y sirven a los científicos de ayuda y acicate en su quehacer investigador. Pero para saber esto hay que leer y de eso no andamos muy sobrados.
En fin, no se puede pretender que la Religión o la ciencia sean lo que quieran los partidos políticos -de izquierdas o de derechas- porque la educación no tiene la finalidad de perpetuar la ideología de estos, sino que se orienta a dotar a los alumnos de una formación integral que les desarrolle como personas. En esas deberíamos estar.