Maldita ELA
El 10 de marzo fallecía en su casa de Olite Carlos Ardanaz, el Puma, a causa de esa maldita enfermedad nominada ELA.
Todavía podemos recordar que en Madrid, en febrero de 2024, cuando con vergüenza y sin saber dónde poner la vista vimos la escena patética de varias personas afectadas por ELA, familiares y allegados en su reunión acordada con parlamentarios de España, y a los cinco únicos parlamentarios que acudieron a escucharles. De los 350 solo 5 parlamentarios acudieron. La imagen de corbatas ausentes y su desplante más cruel fue la señal de burla y desinterés total hacia esta problemática tan dolorosa. Nadie esperaba la escena, sobre todo conociendo el esfuerzo titánico que supone para los afectados cualquier desplazamiento, esfuerzo que no podemos ni imaginar, y que merecía una respuesta de mayor asistencia.
Poco tiempo después se aprobaría, atención, la modificación de la Constitución y la Ley ELA por unanimidad de los votos del Congreso, tratando de borrar aquella imagen lamentable de desprecio y abandono a los enfermos. Una ley que no disponía de estudio económico alguno y se aprobaba con desgana, con lo cual ya se adivinaba que la ley tan cacareada iba a resultar totalmente inútil.
En mayo de 2025 veíamos en la prensa las quejas de Juan Carlos Unzué, en representación de los afectados, denunciando que no se habían puesto en marcha medios económicos que pudieran aliviar la gravedad de la enfermedad, y por tanto la dejadez injustificada del comportamiento de los políticos, y podíamos intuir que ninguno de ellos iba a mover un dedo para atender las necesidades de los afectados. Pudimos ver que resulta muy fácil promover leyes que no suponen solución alguna que tomar medidas eficaces por sí mismas, y más si no existe la voluntad de aplicarlas. Qué distinto es dictar una ley y que ésta surta los efectos deseados. La ley se aprobó de nuevo por unanimidad. Qué bien, qué buenos son los parlamentarios.
En octubre de 2025 asisten a una comisión parlamentaria navarra Carlos Ardanaz y varios afectados por ELA para recordar de nuevo que las promesas obtenidas con anterioridad no se habían cumplido. De nuevo se oyen buenas palabras que suenan a vacío vergonzoso, y hasta el propio Carlos le dice a su mujer bajando en el ascensor: “… En este momento ya se han olvidado de nosotros”.
Hoy es el día en que ninguno de los miles de políticos, presidentes de todo tipo, parlamentarios, senadores nacionales ni de comunidades autónomas ha entonado un mínimo mea culpa sobre su posible responsabilidad por falta de iniciativa en este tema ni se han sentido concernido en ello.
Qué quieren que les diga: nadie ha asumido que tiene un mínimo de esa responsabilidad por el desarrollo de su cargo atendiendo al bien público, y además nadie ha presentado iniciativa alguna ni abandonado sus cargos por dejar tirados a los que más les necesitan.
Qué digno hubiera sido que alguien dimitiera dejando en evidencia a los demás. Pero no.