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Sobre el desalojo de Aranzadi

Fotos del desalojo del convento de Aranzadi en PamplonaOskar Montero

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No sé ni por dónde empezar. A ver… Mikel es pescatero. Cuando volvemos juntos de los servicios sociales, adonde le acompaño por si le puedo echar una mano con el idioma, pasamos junto a una pescadería y dice “trabajo, bueeno”, con el mismo tono con que E.T, decía “teléfono, mi caasa”. Mikel quiere ganarse el pan trabajando. Mikel aspira a lo mismo que tú, que yo, que todos: trabajo, dignidad, justicia, futuro.

Aitor lleva semanas esperando que un médico le mire el hombro, inflamado, dolorido y con movilidad reducida. Un día le conseguí cita en el centro de salud, pero Aitor vive en la calle, la noche anterior se le había acabado la batería y no pudo ver el mensaje, así que perdimos la cita. Y volvimos a empezar. En la calle no hay enchufes. Gracias a una vecina, conseguimos una batería supletoria, Aitor pudo cargar el móvil, recibió el wasap de la siguiente cita, y ahora ha pasado a la lista de espera de traumatología. Como tú, como yo, como todos.

En realidad, Mikel y Aitor no se llaman ni Mikel ni Aitor. Son árabes con nombres de árabes y hermanas que no se llaman Ainara y madres que no se llaman Marisol. Mala suerte, amigos. En sus países a mí me han tratado bien. Un taxista me birló la cámara de fotos, cierto, pero cientos de personas (que tenían menos que el taxista) me ayudaron. De hecho, algunas dejaron lo que estaban haciendo para acompañarme en una dirección o para orientarme hasta un autobús, etc. En Sudán, al darle las gracias a un tipo que me había echado una mano, me dijo, “no es nada, un día tú ayudarás a alguien en tu país”.

Joxe, Txema, Joseba, se han equivocado. A la gente no se le echa a la calle diciendo que “la operación ha sido exquisita”.

¿Exquisita por qué? ¿Porque no le hemos partido la cara a nadie? ¿Qué puede haber de exquisito en echar a alguien a la calle a las seis y media de la mañana?, a alguien que se refugia en un edificio en ruinas, abandonado. ¿Sería exquisito que se lo hagan a Aitor, a Mikel, a tu hermano, a tu hijo, a ti?

Es que ellos son muchos.

Y nosotros, ¿somos pocos?

Es que es complejo.

¿Hemos venido a hacer solo lo fácil? Y lo que sea difícil, ¿lo seguimos haciendo como hasta ahora?

El desalojo de Aranzadi, lo que se hizo, cómo se hizo y cómo se ha contado, es un error. Se ha cruzado una línea roja y urge rectificar. Porque si no se rectifica, el próximo desalojo a lo mejor lo escriben las urnas. Y ahí la lista de espera es de cuatro años, para todas las cosas hermosas que desde lo público podemos intentar.