Existen miles y miles de fotos de la Comparsa de Pamplona. Se publican en prensa, son el argumento de exposiciones y concursos y el objetivo de cámaras y móviles. Las figuras más retratadas de la ciudad y de las que guardamos un recuerdo imborrable pasean casi siempre acompañadas por un numeroso público vestido de blanco y rojo, en muchas ocasiones, en calurosos días de verano.

Por ello, ver a los gigantes y kilikis en San Saturnino, también en el Privilegio de la Unión, tiene algo de irreal. La imagen de un zaldiko junto a un chaval rebozado de ropa no pega, los ocho reyes y reinas bailando entre gentes con bufanda y guantes se hace raro? Así pensaba hasta ver la fotografía de portada de este periódico el pasado miércoles (no se la pierdan). En ella, aparece Coletas persiguiendo a un niño que corre de la mano de una mujer. Ambos, como es lógico en estas fechas, con abrigos oscuros y botas. La instantánea recoge el momento exacto en el que la verga choca con la cabeza del chaval. La fotografía es fantástica por el preciso momento en la que fue tomada y, sobre todo, por la sonrisa de sus protagonistas. A noviembre le puede faltar el colorido y el calor del verano, pero nadie lo diría al observar ese instante de felicidad absoluta y de risas que sólo un kiliki a la carrera puede provocar.