“Es una película para aprender a quitarnos los prejuicios y a darle oportunidades a las personas que tenemos al lado, incluso aunque piensen distinto a nosotros”. Así resumieron el largometraje Leo & Lou Carlos Solano, su director, y Miriam Rodríguez, su productora, durante los talleres que ofrecieron a alumnado de Teresianas, Jesuitas y El Huerto este viernes.

Leo & Lou es una historia sobre la amistad inesperada entre una niña que no habla y un chico gruñón. Dos personajes que a priori no encajan en la sociedad y que encuentran juntos su lugar en el mundo. La película ha ganado varios premios en festivales internacionales y está nominada a un premio Goya por su banda sonora. Sin duda, también ha conquistado el corazón de los y las más pequeñas de Teresianas.

“Creo que será una película que alcanzará su sitio con el tiempo y ojalá consigamos que se convierta en un clásico escolar”, aseguran el director de la obra, Carlos Solano, y la productora, Miriam Rodríguez. “Poder compartir el largometraje con los niños y con los profesores y que te transmitan el valor que ellos le dan es muy bonito”, explica Rodríguez. “Los profesores nos dicen que llevaban desde The Wonder (El Prodigio) sin una película con la que poder trabajar valores con el alumnado. Además, hemos preparado unidades didácticas para que lo utilicen en clase y pueden funcionar muy bien”.

En el Salón de Actos de Teresianas, cerca de cien estudiantes de 5º y 6º de Primaria siguieron con admiración las explicaciones del director y la productora. Después de detallar todo el proceso de producción de la obra, los creadores se sometieron a las ingeniosas preguntas de los estudiantes, que cuestionaron desde el origen del proyecto hasta la posibilidad de un final alternativo.

“Nuestro primer cortometraje fue en 2013, en 2018 estuvimos nominados al Goya con nuestro tercer corto (Extraños en la carretera) y, desde entonces, hemos trabajado ocho años en este largometraje”, comentaron. “El proyecto surgió del guion de un cortometraje planteado por Carlos Camba. Después, vimos que tenía como para un largometraje y pasamos de quince páginas a cien”.

Formas de comunicarnos

La película habla de las relaciones entre las personas y de cómo a veces nos cuesta comunicarnos. “Se nos ocurrió que Leo fuese muda y que tuviera la capacidad de comunicarse de una manera que otra gente no puede. En cuanto a Lou, es alguien que sí que es capaz de hablar verbalmente, pero cada vez que lo hace espanta a todo el mundo que tiene a su lado. Tiene una carencia comunicativa de otra manera. Nos pareció bonito que los personajes tuvieran que superar esos obstáculos para poder acercarse uno al otro. Traer el mutismo selectivo a la historia nos interesaba porque te hace ver que hay niños que tienen este problema y que existen otras realidades distintas que las nuestras”, remarca Solano.

 Leo y Lou cruzan sus caminos en una película que invita a reflexionar sobre las segundas oportunidades y los prejuicios. “Tenemos a una niña que se fuga y que está haciendo las cosas regular y a un tipo que se mete en líos y está en la cárcel. Pero, cuando vemos la película, nos damos cuenta de que Leo es una buena persona a pesar de que se esté fugando y de que Lou, que ha estado en el calabozo, tiene buen corazón. Si nos lo cruzamos por la calle, a lo mejor nos cambiamos de acera. Pero, viendo la película, es alguien que nos llega a emocionar”.

“El largometraje habla de esos personajes que se sienten perdidos y que encuentran la esperanza”, remarca Solano. “Se juntan con alguien con quien hacer esta travesía que es la vida. El final tiene una lectura positiva. El espectador puede romper esa realidad de prejuicios contra Lou, alguien que ha estado en la cárcel y que se queda a cargo de la niña”.

Así, el director considera que “es una película hecha para compartir, para emocionarse y para empatizar con las personas que tenemos al lado”. “Hoy en día, vivimos en sociedad y, sin embargo, somos más individualistas que nunca. Hay una paradoja extraña y perversa que creo que hay que romper y la película va directamente contra eso”.

“¿Pretendíais que la gente se emocionara con el final?”, les cuestiona una alumna para terminar. “Estaría bien, sí. Para nosotros es muy emotivo el viaje que hacen estos personajes. Vosotros, ¿os emocionasteis?”, devuelven la pregunta. “Sí”, responden al unísono los estudiantes, que piden autógrafos al director y a la productora antes de salir al recreo.

El valor del cine

Por último, Carlos Solano y Miriam Rodríguez aprovechan para destacar la importancia del cine. “Hay que inculcarles el valor de ir a una sala. Estos talleres van unidos a que ellos previamente han ido al cine a ver la película. Hay niños que nos han dicho que era la primera vez que iban al cine con 12 años y a mí me vuela la cabeza. Nunca me había pensado a reflexionarlo y me parece algo triste. Se pierde el hábito de ver películas acompañado y no me extraña que luego vean las series en el móvil a velocidad x2. Enseñamos a los niños qué es el cine y les mostramos que hay una parte que te lleva a emocionarte conjuntamente. Se está perdiendo mucho el hábito del cine y no lo podemos permitir porque sería algo muy preocupante”, concluye Solano.