Isla Busura

Gracias

04.09.2021 | 00:34
Gracias

El verano ha sido un sándwich. Entre una rebanada de Cabo de Gata desértico y azul al principio y otra de Navarra soleada al final se ha extendido una mazamorra gris y densa de Bilbao semilluvioso que nunca se ha elevado por encima de los 20 grados. En esa materia otoñal se han incrustado gustosos los primeros turistas internacionales cabalgando a lomos de la quinta ola pandémica mientras proferían en algunas lenguas de esta Babel la consabida alabanza. Qué verde está todo. Cómo no, con esta humedad y este frescor de tercer cajón de la nevera. Solemos recibir estos comentarios con sonrisa franca de embajadores irlandeses pero en instantes satánicos me dan ganas de meter al autor bajo la ducha mes y medio. Empaparse de las costumbres locales, turismo inmersivo. Solo lo pienso. En realidad para estar trabajando es incluso mejor y tal y cual. En fin. Como verano en su vertiente más luminosa, infantil y extrema en el abandono de obligaciones se me ha quedado corto. Esto es así. Y aún siéndolo me inundó el último día de vacaciones una corriente de gratitud universal arrasadora. Estaba viendo en un dominical una fotografía de Alepo en ruinas. Virada amablemente a sepia. Una niña y un niño en chanclas y chándal rojo caminan entre polvo y escombros. Junto a ellos, el esqueleto oxidado de un camión volcado como un escarabajo metálico y kafkiano que no consigue voltearse y ponerse en pie. Diez años ya de guerra en Siria, medio millón de muertos, trece de desplazados. Levanté la vista. También con sus chanclas, llenas de Minions y heredadas, otro niño daba vueltas en bici enfundado en su camiseta de tirantes azul a la que le cosí un castor que nos enamora recortado de otra camiseta que se le quedó pequeña el verano anterior. Iba por ahí asilvestrado, libre y satisfecho. Feliz. Desde que se le cayeron las dos palas ejerce de no castor despreocupado que tritura el bocadillo de jamón York con los premolares mientras desaparece tras la esquina de piedra bajo el sol cenital de mediodía. Le sigue una sombra a la que no le falta de nada.

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