Y tiro porque me toca

Un guiñol burlesco

01.08.2021 | 01:43
Un guiñol burlesco

¿El devoto exministro Fernández al banquillo? «No se puede ni de creer»... Y yo que pensaba que con los que ya habían echado a los leones les bastaba. Ahora parece que quieren espectáculo a lo grande, con artistas de primera. Pero no conviene entusiasmarse, la Kitchen convenientemente enredada, puede acabar en kitchenette, es decir en cocinilla, de juguete digamos, porque en cuestiones de primeras figuras del negocio político español, no creo que en las alturas jurídicas se cocine nada a lo bestia, como si fuera una Breaking bad judicial y política... ¿Se acuerdan? Ni mucho menos una guillotina también política y sobre todo social, que limpiara y desinfectara el escenario de este Patio de Monipodio, incluido M. Rajoy, el de las cuentas a bolígrafo, que son las de verdad.

Pero, como digo, no me hago muchas ilusiones. En el tiro al mono de estas barracas, solo cambian las siluetas, pero al final resulta que son todas de indeseables. Y por lo que se refiere a cocinar, cocinaron, mucho, durante años, pero con leche revenida, la suya: una olla podrida de mangancias, delincuencia de altos vuelos y despropósitos, y dejaron la cocina perdida tras el paso de los mortadelos, los falsos maderos y los matones de alquiler (luego funcionarios gracias a sus buenas maneras en el oficio).

Entre ellos se mangaban para limpiar sus marrones y les protegían los ángeles aparcacoches y los conjuros de las ceremonias de secta a las que acudían, no se sabe si con el permiso del ordinario del lugar que les daba un Nihil Obstat recio como pedrada en la sien... ¿Pero el guión de este guiñol burlesco quién lo ha escrito, Fernando Arrabal, Buñuel, Berlanga...?

En una novela negra que acabo de leer, de esas neonoirs, los bandidos se matan entre ellos, más o menos, o les castiga el cielo, por malos, uno detrás de otro de manera muy gore, salpicando mucho. Este sería un buen final para esta patulea de maleantes que con las leyes que a todos nos obligan hacen matasuegras. Y nosotros de espectadores, apreciando las sutilezas de este combate de cachascán amañado hasta el delirio.

Tiran a alguno fuera de la lona y al rato aparece por la otra esquina vestido de sí mismo como si no hubiese pasado nada. Sale uno del ring o gallera perseguido por focos, abucheos y silbidos, y al rato entra por otra puerta con capa estrellada, manta de tirar que no sirve para nada o toga de magistrado, y lo hace entre vítores de un público entregado que ha olvidado la primera parte del numerito... y desde unos asientos VIPS unos cuantos, muy por encima del populacho, engordan su peculio comentando, juzgando, señalando las astucias.

A lo que iba, que a Fernández lo van a sentar en el banquillo. Veremos. A Fernández y a cuántos más. Veremos, insisto, porque este es también un guiñol en el que salen curriños malignos que tras entretenernos un rato desaparecen cuando el verdugo les iba a cortar el pescuezo, como si los rescatara una Pimpinela Escarlata provista de códigos afilados como floretes y no vuelven a aparecer en escena. Se volatilizan, carajo, y nosotros vimos como habían mangado a cuatro manos (o patas) en escena, como cuadrilleros de la cueva de Ali-Babá, o faltado al elemental decoro exigible en sus oficios de aparato.

Ha empezado agosto y no es cuestión de acercarse a este pozo negro en plan sesudo con argumentos de recio y apretado discurrir o en plan Espartaco. No se lo merecen. Ya no. Ni sirve para gran cosa. Como mucho, tirémosles pellas de burla en las picotas de papel a las que les han subido un rato. Y aun así, porque, digas lo que digas, esta banda de tramposos tienen los riñones y las espaldas bien cubiertos, y nuestras impertinencias y denuestos les importan un carajo, un soberano carajo. Como nos pasemos, iremos a prisión, pero no en las mismas condiciones que ellos. Están muy por encima de nosotros. Pertenecen a un mundo en el que sus cocinamientos carecen de importancia porque son la norma, el bisnes, la cosa en sí. Y ese mundo no es el nuestro, que lo padezcamos es otro asunto... ¡Y esto es todo, amigos!, que decía Porky.

En el tiro al mono de estas barracas, solo cambian las siluetas, pero al final resulta que son todas de indeseables

Tiran a alguno fuera de la lona y al rato aparece por la otra esquina vestido de sí mismo como si no hubiese pasado nada

noticias de noticiasdenavarra