Editorial

La vieja ortodoxia europea

08.04.2020 | 01:23

Las medidas del Eurogrupo frente a las consecuencias de la pandemia vuelven a optar, como ante la crisis de 2008, por una vía intermedia, con un alto coste social y laboral entonces, que se ha demostrado insuficiente

sin sorpresas en el Eurogrupo. No las admite la vieja ortodoxia europea, siempre por el camino del medio, que normalmente lleva patente alemana. O a medio camino. Tal y como planteaba Angela Merkel, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) será la principal herramienta de la Unión Europea, y por tanto su principal contribución, frente a los efectos socioeconómicos del coronavirus en sus estados miembro. Se trata, en realidad, de una línea de crédito de emergencia de 240.000 millones que se permitiría en principio sin la rigidez de los controles que el propio Mecanismo de Estabilidad prevé, pero no sin condiciones y límites: al Estado español le podrían corresponder, en virtud de la relación entre su necesidad y su situación económica (déficit, endeudamiento...), en torno a 28.000 millones de euros; a Italia, hasta 39.000. Y el resto de las ayudas propuestas por Europa, los 200.000 millones en créditos del Banco Europeo de Inversiones (BEI) o los 100.000 millones que bajo el impulso de la Comisión Europea garantizarán la financiación de las prestaciones de desempleo, apenas suman el medio billón de euros de una crisis que, según la propia Comisión que preside Ursula von der Leyen, lleva a los 27 miembros de la UE a aportar un total de 1,6 billones de euros en liquidez mediante garantías y avales para movilizar préstamos bancarios y 150.000 millones en medidas fiscales. En el Eurogrupo, como sucedió en el Consejo Europeo, se ha impuesto –quizá con matices– de nuevo el espíritu hanseático por el que Alemania, Austria y Holanda, pero no solo, defienden las virtudes de sus economías y políticas fiscales, que no son pocas, con la supervisión estricta de la economía y la fiscalidad de cada estado miembro como condición de cualquier fondo común. Que en este caso esa supervisión y sus consecuencias se maticen para hacerlas más digeribles no evita que conformen una corrección de la pretensión de compartir riesgos y responsabilidades que en su momento planteó Macron y que ahora pretendían Francia, Italia y España, entre otros. Ya sucedió al afrontar la crisis de 2008, cuando transitar por el camino del medio, aunque estaba más justificado, no fue suficiente. Y su corrección tampoco supera ahora las reticencias a la unión solidaria que Europa necesita y que difícilmente se hallará en el Marco Plurianual 2021-2027 para la recuperación económica que hoy presenta Von der Leyen.