Editorial

Prudente esperanza

09.04.2020 | 01:34

Los datos en Navarra sugieren que remite la epidemia, como lo acredita que se registren el doble de altas que de ingresos. La mejoría redobla la exigencia de mayor cautela aún, también por el Gobierno central

se acumulan los datos halagüeños en Navarra, cierto que en el dramático contexto de la pandemia de coronavirus. Desde la premisa de que las dinámicas favorables todavía deben consolidarse en mayor medida, la Comunidad Foral ha contabilizado en las últimas horas casi el doble de altas que de hospitalizaciones, lo que sugiere la remisión de la epidemia, según constató ayer la consejera Induráin. Una tendencia positiva refrendada por el aumento diario de positivos en un limitado 3,3%, el alza más reducida desde que se inició la crisis sanitaria. Además, resultando todos los decesos igualmente lamentables, el dato de la última jornada –cuatro fallecimientos, para un total de 206– es el menor en dos semanas. Con todo –y por desgracia– no será la última cifra de defunciones, lo que constituye una invitación a la prudencia. Porque hoy, veintisiete días de aislamiento social después, se precisan mucha cautela y buen juicio, aunque sea preciso ofrecer un cierto horizonte de esperanza que ayude a digerir lo que aún resta, como seguramente pretendió la portavoz del Gobierno central, María Jesús Montero, al indicar que a partir del 26 de abril –todavía dentro de dos semanas y media– "los ciudadanos podrán ir recuperando su vida normal, recuperando la ocupación de las calles, de las plazas, de manera muy controlada". No vaya a ser que en la que ya se empieza a comprobar como regresión de la pandemia se generen malentendidos y controversias –tan fáciles de originar, incluso sin desearlo, como difíciles de revertir– respecto al alcance de las normas que la ciudadanía, dentro de la responsabilidad que ha demostrado, debe seguir cumpliendo. No vaya a ser que la pretensión de contener, cuando no de dirigir, la opinión pública –también la publicada–, que tantas veces produce discordancias e incoherencias incluso, acabe siendo contraproducente al crear la incertidumbre en una sociedad ávida ya de evidencias. Así se ha podido comprobar con anuncios sobre el uso de las mascarillas, sobre la adquisición primero y realización después de test rápidos o sobre el confinamiento de las personas asintomáticas. Es ahora que las perspectivas frente al coronavirus empiezan a cambiar cuando se exige más moderación y sensatez, también más certidumbre. Sin un ápice de autocomplacencia para no generar falsas expectativas.

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