La lectura de aquel bestial crimen sobrecoge el corazón. Las ideas políticas podrán ser respetables. Es muy difícil de entender que una de esas ideas bestialice tanto al hombre que le impulse a asesinar, a violar y a vejar a un semejante. Asimismo, resulta totalmente incomprensible que una religión, una verdad anunciada por Dios, justifique y apoye tamaña barbaridad y continuando con su anestesiante labor dogmatice desde sus púlpitos justificando como santa la injusticia y pide a las víctimas que olviden y perdonen porque suyo fue el pecado. Muy triste es que después de vivir toda una vida adormecida por una religión servil, en las postrimerías de la existencia, relatar ya sin remedio ni compensación lo silenciado. En este punto resultaría aclaratorio saber la trayectoria de los asesinos, ¿cómo fue su vida? ¿Quizás justificados por esa religión cómplice se creyeron perdonados? ¿La sociedad los aceptó? ¿Huyeron del hogar del crimen?