Mesa de Redacción

Gernika como memoria y símbolo

10.04.2022 | 01:00
Gernika como memoria y símbolo

La referencia de Zelenski a la matanza de la aviación nazi en Gernika en 1937, en su intervención ante el Congreso español, para tratar de trasmitir la dimensión de la masacre rusa en la ciudad ucraniana de Bucha molestó a amplios sectores de la derecha española, no sólo de Vox, también del PP. Y no sólo de la política, también entre los columnistas, periodistas y tertulianos conservadores. Siguen empeñados en negar la realidad del genocidio franquista y en airear un revisionismo negro y falsario que intenta edulcorar el alcance de la matanza que fue el golpe militar franquista en alianza con el nazismo y el fascismo y la posterior dictadura. El bombardeo de Gernika, con los de Durango, Elgeta y Otxandio, fue posiblemente el primer ataque aéreo conscientemente indiscriminado contra una ciudad indefensa y su población civil en Europa, y, como tal, un anuncio de futuras destrucciones en Pforzheim, Dresde, Varsovia, Stalingrado, Hiroshima, Hanoi, Sarajevo, Gaza, Bucha ahora o decenas de ciudades y aldeas ya sin nombre –desde Afganistán a Yemen–, en África, Asia o Latinoamérica. Gernika fue otro ensayo militar para utilizar los bombardeos sobre la población civil como método –ya ensayado antes por el ejército africanista español en el Rif o por los fascistas italianos en Etiopía–, de extender el terror. El 28 de abril de 1937, el corresponsal George Steer relató al mundo en The New York Times y en The Times de Londres la verdad que la larga noche franquista ocultó 40 años: "Aquellas bombas procedían de la fábrica alemana RhS", en referencia a los aviones de la Legión Cóndor de la Alemania nazi y del fascismo italiano al servicio del mismo Franco. Esa información dejó en evidencia ante el mundo las mentiras de Franco y sus generales golpistas que, como ahora Putin, responsabilizaron a otros de la masacre de Gernika y otras ciudades. También ahora ha sido el periodismo el que ha desmentido las mentiras sobre Bucha. Incomprensiblemente, no sólo hoy en día hay partidos, líderes políticos y periodistas que se niegan aún a reconocer la verdad de esos hechos, sino que el Estado español sigue eludiendo su responsabilidad de pedir perdón por los mismos. Alemania lo hizo en 1997, como Juan Pablo II pidió perdón por los crímenes del poder católico, o Japón por sus masacres en China o Corea. La manipulación de la historia por parte de los vencedores y los lastimosos intentos actuales del revisionismo derechista para tratar de ocultar la desvergüenza de sus actos no evitaron que Gernika se convirtiera en símbolo de los horrores de la guerra, y así lo plasmó Picasso en su histórico mural Guernica. Desde aquel 26 de abril de 1937 –el 26 de abril se cumplirán 85 años–, Gernika es también símbolo de rechazo a toda violencia, de paz, reconciliación y derechos humanos. Pero la imposición del olvido a las víctimas del franquismo sigue vigente aún en España, mientras se suceden actos de exaltación del aquel régimen y soflamas de apología del genocidio que quedan impunes. En el siglo XXI. Las reacciones a la comparación y denuncia de Zelenski –un tipo que me traslada desconfianza e inquietud–, en el Congreso son vergonzosas e inadmisibles en una democracia, pero quedarán, una vez más, impunes, si no aplaudidas.

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