Quedó de manifiesto con la guerra arancelaria que provocó hace un año y se repite ahora con el conflicto bélico que ha desatado en Irán. Por si había alguna duda, el mundo occidental es rehén de Trump. Se trata de una monumental desgracia, ya que casi todo gira al albur de los caprichos de un destalentado. Un hombre sobre el que hay dudas de que conserve intactas sus facultades mentales, pero con capacidad de revolucionar el mercado bursátil solo con abrir la boca.

Pese a que transmite una desconfianza enorme, que es precisamente de donde huye el capital como de la pólvora, le basta con lanzar un pronóstico sobre el inminente final del salchucho que él ha organizado para apaciguar las tensiones del precio del crudo que nos afecta a todos.

De la misma manera que cuando amenaza al enemigo, las bolsas se desploman, este lunes fue suficiente con que anunciara un parón de cinco días en los ataques sobre instalaciones energéticas de Irán para que el petróleo se desplomara y el Ibex, que había arrancado con una caída del 2,5%, diera un giro de 180 grados para cerrar en verde. Una locura, similar a la que podría tener él, pero ante la que Europa debe ponerse las pilas y poner cimientos para huir de su asquerosa dependencia.