Opositar a la incertidumbre

27.05.2021 | 01:22

El próximo 26 de junio los profesores y profesoras interinos e interinas de las Escuelas Oficiales de Idiomas de Navarra nos vamos a enfrentar a la primera parte de la prueba de evaluación del Concurso-Oposición al Cuerpo de Profesores de EOI de 2021, publicado en la Resolución 313/2020, de 22 de diciembre. Este examen es un requerimiento que los propios docentes llevábamos demandando tiempo, por lo que, a priori, esta noticia debería ser una buena noticia.

A pesar del deseo de examinarnos, y de ser conscientes de la necesidad de la Escuela por estabilizar su plantilla, consideramos necesario poner sobre la mesa las condiciones abusivas y fraudulentas en las que el Cuerpo de profesorado interino de las EOI ha de enfrentar la situación que nos viene encima como un alud imparable. Este nuevo capítulo no es sino la gota que colma un vaso a rebosar, y que la Administración navarra, en los últimos años, en todos sus signos y colores, ha ido llenando de incompetencia, inoperancia e irresponsabilidad.

Los que ya han realizado un concurso-oposición en el campo de la educación conocerán las características de la prueba y ya saben a qué nos enfrentamos. Aunque seguramente no sepan que, en esta ocasión, los legisladores han decidido ponerse creativos y han improvisado una modificación de la prueba, anunciada a seis meses vista del examen y en mitad de una pandemia, a pesar de que, en octubre del 2020, en la Mesa Sectorial de Educación, la decisión con respecto a estas oposiciones era "no", pero en noviembre, según los medios de comunicación fue "sí". Apenas transcurridas unas semanas tras ese "no", el Gobierno dio un giro de tuerca y decidió autorizar el concurso-oposición, mientras que –por ejemplo–, aplazaba el examen de FP para el año 2022.

Para más inri, esto sucede en un curso estresante a más no poder, en el que no caben ya más incertidumbres, y en el que el modelo de clase híbrida, que ha tratado de intercalar la clase presencial con el seguimiento on-line de las clases, ha resultado un churro didáctico desesperante, duro de coordinar con el despiste/desilusión del alumno y la desesperanza/desaliento del profesor. Atender las necesidades de un curso pandémico, con todas sus innovaciones e improvisaciones metodológicas, nos ha dejado exhaustos, y, para colmo, a partir del 21 de mayo estamos teniendo que atender a todo el alumnado libre que se ha apuntado a hacer los exámenes certificativos de mayo-junio, un dato que, en el caso de nuestro departamento, el de euskara, se nutre de un volumen de exámenes inasumible y humanamente inmanejable (más de 1.000 examinandos que han de ser evaluados. Esto significa más de 3.000 redacciones a corregir y 16 días de tribunales orales en horario diario de 8.30 a 14.30 a unos 16 alumnos por tribunal repartidos en 4 tribunales de 2 profesores, de los cuales la mitad son interinos).

Quienes no conozcan bien en qué consiste la prueba que hemos de realizar para poder seguir trabajando en el campo de la Administración, quizá gusten de saber que la parte del examen del concurso-oposición consta de dos partes evaluadoras: una primera parte teórico-práctica que será discriminatoria, condición que en anteriores oposiciones no existía y que ahora, después de más de 10 años sin convocar una oposición, sí lo es, y que podría impedirnos alcanzar la segunda parte del concurso-oposición, que es realmente donde un docente demuestra la calidad de su trabajo y su buen –o mal– hacer. Además, la segunda parte de esta primera prueba reunirá ejercicios también nuevos, ejercicios de los que, a un mes del examen, solo conocemos la descripción nominal. En el caso de superar la primera parte, habremos de realizar una segunda en la que defenderemos la programación y desarrollaremos una unidad didáctica que pueda darnos –o no– el paso a la continuación de nuestro itinerario profesional. En resumen: para aprobar la oposición debes superar la primera parte. Para ello, tienes que memorizar un montón de temas en la cabeza mientras trabajas en el peor curso de la historia de la educación (para realizar una prueba que, por otra parte, es una prueba caduca donde las haya), y en la segunda parte de la primera parte.... Pues... no sabemos. A 22 de mayo todavía no sabemos. Las especificaciones no han sido publicadas, pero si no superas esta primera parte, agur. Goodbye. Au revoir!... Arrivederci!

Bien. Pues resulta que, a un mes de la prueba, los profesores y profesoras interinos e interinas de las EOI desconocemos las características específicas de la segunda parte de la primera prueba, esto es: a un mes de realizar una prueba eliminatoria que nos permitirá o nos impedirá pasar a una segunda fase que decidirá, o no, si continuamos trabajando, desconocemos absolutamente cómo hemos de realizar una prueba que será absolutamente definitoria para nuestro futuro laboral.

Si esto, en sí mismo, no es lo suficientemente alarmante, resulta que es el último de muchos despropósitos que estamos teniendo que soportar en los últimos tiempos, movimientos de sistemática vulneración de nuestra estabilidad laboral y de una degradación meteórica de las relaciones laborales y psicosociales en nuestro entorno de trabajo. Es intolerable que a un mes de la primera parte del examen desconozcamos las especificidades de una de las pruebas, que es eliminatoria. Aunque solo es la punta del iceberg, da buena muestra de esa especie de maltrato al que hace tiempo que sentimos vivir sometidos.

Después de diez años sin oposiciones, ¿por qué justo ahora, en este año tan complejo, anunciando la convocatoria de una forma tan precipitada y poco ortodoxa?

Da pena. Llevamos años como trabajadores interinos de la EOI, y en este tiempo hemos asistido a una silenciosa pero paulatina degradación emocional de las relaciones laborales del andamiaje institución-administración, así como al nacimiento de un sentimiento generalizado de frustración y desencanto frente a la maquinaria pública, cuya concepción se va asemejando progresivamente a un despiadado engranaje estratégico y calculador para el que solo somos gasolina en forma de números y vacantes. Pero no somos ni números ni vacantes. Somos personas. Personas que se esfuerzan en su trabajo y se desviven por su alumnado tratando de dar un servicio público de calidad. Un cuerpo entregado a la labor profesional que realizamos, que además amamos la materia que impartimos, que cuidamos, mimamos y proyectamos a nuestras alumnas y nuestros alumnos hacia el desarrollo de sus mejores capacidades comunicativas, que acompañamos y animamos en un proceso que para ellos y ellas a veces es bien duro, por lo que resulta indescriptiblemente doloroso no solo que te nieguen las condiciones deseables y adecuadas para defender con dignidad y calma la forma en la que entiendes tu implicación y pertenencia a la institución, sino incluso tu propia identidad como docente. Se trata, además, del modo con el que te ganas el pan (y el de tus hijxs), por no dejar en el tintero que hay trabajadoras que han de hacer frente a esta prueba y que cuentan con más de 10 años de recorrido profesional en las EOI, que ya han aprobado la anterior oposición, pero que entonces no pudieron ocupar plaza. Que ahora, ante la precipitación, la improvisación y la ineptitud de la Administración, hayan de repetir una prueba ya superada es otra muestra de que los platos que se rompen en instancias superiores siempre acaban pagándolos los y las de abajo, por lo que está resultando terriblemente frustrante aceptar la imposición precipitada y torticera de una prueba caduca para defender y demostrar, en las condiciones de igualdad que defiende la Administración como requisito para su acceso, la vocación que haga que este vaya a ser tu lugar.

No quisiéramos terminar este texto sin decir que somos los primeros interesados en ser valorados para objetivar así nuestras propias capacidades y nuestro potencial profesional. No escribimos este texto para librarnos del examen. Creemos sinceramente que para trabajar en la Administración hemos de dar una muestra de solvencia, manifestar cierta capacitación técnica y cierto perfil de excelencia. No estamos en contra de pasar una oposición que mida esas variables. Es más, queremos realizar una oposición que nos permita demostrar lo mucho que nos esforzamos en hacer bien nuestro trabajo y lo infinitamente que amamos esta profesión. Pero queremos saber a qué nos enfrentamos, qué hemos de preparar, realizar una prueba acorde a los tiempos y a la verdadera valía docente, y contar con ciertas condiciones para poder enfrentar tal disyuntiva.

De momento, la actual convocatoria, en estas condiciones precarias y en estos momentos inciertos, para lo único que nos va a servir es para comprobar y certificar que nuestro tiempo de trabajadores-personas es ahora mismo, además de ingobernable, finito.

Los autores son profesores interinos de las Escuelas Oficiales de Idiomas de Navarra

Después de diez años sin oposiciones, ¿por qué justo ahora, en este año tan complejo, anunciando la convocatoria de una forma tan precipitada y poco ortodoxa?

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