El ser humano, hombres y mujeres, en su larga experiencia vital, ha ido erradicando enfermedades, malas costumbres, alienaciones, supersticiones, patrañas, supercherías (aunque de estas tres últimas aún quedan unas cuentas, alguna de coste multimillonario para los erarios), pero un hecho tan irracional, destructor, macabro (ejecutado por el ser calificado de racional) como la guerra, aún sigue condenando a la pena de muerte (abolida en algunos Estados del país que más hace la guerra, y siempre lejos de sus fronteras) a millares, millones de hombres, mujeres y niños, y a la ruina total a muchas ciudades, a las que los bombardeos transforman en gigantescos montones de escombros y cementerios.
¿Es que el ser humano, después de tantos siglos, o ya milenios si contamos desde la Antigüedad, aún no sabe cuáles son las consecuencias de las guerras? Pues se lo recordaremos aquí. Las consecuencias son: inmensas mortandades, dolor, amargura, hambre, miseria, llantos desgarradores de madres por sus hijos y de hermanas por sus hermanos, ruina y desolación dantescas. Esas son las consecuencias de las guerras.
Y los dirigentes que, por sus ambiciones colonialistas, esclavizadoras de la raza negra (hubo una época en laque fue así) o de hegemonía mundial, perpetran esas guerras y hacen sufrir tantos horrores a la humanidad están (por ahora) seguros, bañados, perfumados, bien alimentados, bien vestidos y protegidos en los salones de sus palacios o casas blancas (por fuera, aunque muy negras por dentro) sin padecer ninguna de las tragedias que provocan.
Tenemos que erradicar las guerras (hoy antes que mañana) de la vida del ser humano, hombres y mujeres, ese espanto aniquilador al que han querido que nos acostumbremos como a algo normal en la vida de hombres y mujeres, pero que es precisamente todo lo contrario, es lo anormal, lo trágicamente absurdo, lo irracional.
En el mar, el hecho de que un barco aborde a otro es calificado de piratería, en cambio, en tierra, si un país, con una guerra, aniquila a otro y se lo queda como botín, ese hecho no se considera de la misma manera, a ese arbitrario-abusivo hecho no se le da ese mismo nombre de piratería. ¿Por qué los mares sí y en la tierra no?
Y sobre esa piratería terrestre se han configurado muchos países y casi todo el mapamundi actual, así que, en pro de una concordia universal, habrán de reunirse representantes altamente cualificados de todos los países del mundo, con actitud honesta, generosa, bondadosa, sincera, para corregir todas las arbitrariedades y abusos y trazar un nuevo mapamundi que resulte tan bien hecho que en su futuro nadie pueda reclamar nada porque racional-lógicamente no sea ya posible.
¡Erradiquemos las guerras y todo lo que las hace posibles: fábricas de armas y ejércitos! ¿A qué esperamos? ¿Son necesarios más millones de muertos causados por las balas y las bombas? ¿más ciudades en ruinas? ¿más dolor y lágrimas de madres y hermanas?
¡Erradiquemos las guerras y dediquemos los miles de millones que cuestan a la educación y el bienestar de los seres humanos de todos los países de la tierra!
Quieren hacernos creer que no hay para educación, Seguridad Social, pensiones… ¿y sí hay cifras astronómicas para las guerras? Pues la patraña es tan evidente que no podemos creerla.
¡Erradiquemos las guerras!