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Tribunas

Se disfraza de Olentzero para ser Papá Noel

Se disfraza de Olentzero para ser Papá NoelOskar Montero

Tras leer el artículo publicado en DIARIO DE NOTICIAS DE NAVARRA, nos han surgido serias dudas acerca de si José María Ayerdi Fernández de Barrena es consejero de Industria o consejero del Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra. Al leerlo, no podíamos evitar pensar que parece ser que el señor consejero y el resto de su departamento desean pasar unas felices Navidades a costa de seguir mintiendo, mostrando datos de forma sesgada y cocinando palabras y argumentaciones.

Tampoco resulta extraño que esto ocurra, puesto que el público objetivo de dichas mentiras (la mayoría de la población) no dispone ni de información suficiente ni, en muchos casos, de un verdadero derecho a ella, en un Estado supuestamente democrático, ¿intervencionista?, ¿controlador del discurso?, ¿y con una administración realmente transparente?

Con el manido dilema de “cañones o mantequilla” se pretende hacernos creer que el deterioro del sector primario, tan esencial y estratégico para la vida, es culpa exclusiva de las guerras o de su amenaza. De este modo, se exime de responsabilidad a quienes gobiernan mediante falsas políticas verdes y a los grandes capitales que dominan el mundo a su antojo, perpetuando la lógica de que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Las malditas ayudas PAC son, han sido y serán un engaño para quienes realmente trabajan en y del medio rural. Se trata de un control de la población a través de los impuestos excesivos que posteriormente se los devuelven tramposamente: pagos a quienes no trabajan la tierra; mantenimiento de estructuras sindicales; recursos mal empleados sin responsabilidad alguna; y grandes despilfarros por los que nadie responde. Ya nos gustaría saber estas realidades en cifras para reclamar responsabilidades y la devolución de lo robado.

Menciona “la nueva visión de la agricultura europea basada en la sostenibilidad y la soberanía alimentaria”. Aquí debemos ser tajantes: si dicha visión fuese real, no se permitirían los acuerdos comerciales con terceros países. Estos acuerdos generan una competencia desleal por producir en condiciones higiénico sanitarias y laborales muy inferiores a las europeas, explotando al trabajador.

Las explotaciones no pertenecen a agricultores familiares, sino a grandes multinacionales que también operan aquí, y cuyo único objetivo es el beneficio a costa de apretar al máximo a ver si sale más zumo.

Europa nos exige políticas verdes aquí, pero favorece las importaciones sin estos estándares de allí. ¿En qué momento y de qué manera se va a legislar y apoyar la verdadera agricultura, aquella que solo por existir contribuye al medio ambiente, incluso evita incendios y alimenta a su entorno con seguridad y calidad?

En la segunda parte de su artículo publicitario se exaltan las supuestas fortalezas del sector agroalimentario mediante datos confusos que mezclan industria, exportaciones e importaciones, diluyendo la realidad del sector primario. Alude al arraigo territorial de nuestras empresas agroalimentarias, a diferencia de las multinacionales y sus consejos de administración extranjeros. Nos alegramos de ello y confiamos en que estén a la altura cuando el sector primario salga a la calle a exigir su lugar: el de quienes producen los alimentos aquí.

La presión social en Europa no se dirige a resolver los problemas agrarios, sino hacia un malentendido proteccionismo de la biodiversidad que ignora el papel esencial del medio rural como creador y parte de ella. El político, buscando el voto, alimenta dicho sentir social.

Vivimos de alimentos baratos gracias a un colonialismo brutal sobre el tercer mundo, mientras nos negamos a pagar lo que realmente vale producir alimentos aquí. Al final terminamos pagando más: poco en el supermercado y mucho a través de los impuestos.

Al mismo tiempo, Europa se quema: nos alimentamos peor, aumentan los problemas de salud y acabaremos dependiendo de las multinacionales y de sus decisiones.

Señor Ayerdi, toda ley que hacen los políticos para el sector primario lo perjudica. Luego el primer paso es muy sencillo: deroguen esas leyes.

Podríamos continuar desmenuzando dicho artículo propagandístico pero simplemente es más de lo mismo y como vemos que ni sindicatos, ni industria agroalimentaria ni políticos van a remar a favor de la buena agricultura: la nuestra, hago un llamamiento a consumidores y gentes de bien a que se sumen a nuestra lucha, ya que la alimentación nos afecta a todos.

El autor es presidente de la Asociación Semilla y Belarra