Son muchos años. Es mucho el sufrimiento y es, también, mucha, la necesidad que tenemos como sociedad, como pueblo, de no olvidar nada de lo ocurrido durante décadas de confrontación, y de poder avanzar desde el respeto a todo este sufrimiento, pero con la voluntad de cerrar un periodo de nuestra historia que debe ser protagonizado no solo por quienes llevan décadas exigiendo el fin del sufrimiento, sino, sobre todo, por una nueva generación de mujeres y hombres, que no quieren alargar en otra generación más esta situación.
El dolor de las víctimas merece respeto y reconocimiento, sin ambigüedades, porque nadie puede ser obligado a olvidar lo que ha vivido.
Su sufrimiento no puede ser relativizado ni instrumentalizado políticamente por intereses espurios y su memoria debe ser parte esencial de la ética pública compartida.
El 10 de enero, tenemos la oportunidad de demostrar en las calles de Bilbo, esta necesidad, más aún, cuando a las presas y presos vascos se les continúa aplicando excepcionalidades en la política penitenciaria.
Cuando desde el poder legislativo, judicial y político, quieren continuar instalándonos en el pasado, con legislaciones y actitudes judiciales aprobadas en momentos que nada tienen que ver con los que hoy vivimos, les decimos que ya vale. Que no se puede esperar más. Ezin da Ezin da gehiago luzatu.
De manera recurrente, venimos escuchando desde algunos sectores políticos y mediáticos, algo así, como: “… antes había 700 presos y ahora ya solo quedan 120…”.
Este dato sin más explicaciones puede conducir a una lectura errónea, porque es cierto que hubo tantos presos o incluso más de los que se dicen, pero no es menos cierto que la inmensa mayoría de los que han salido lo ha hecho con el cumplimento íntegro de la condena impuesta por los tribunales.
Hoy, de estos, aproximadamente, 120 presos/as, que quedan en las cárceles vascas y en territorio administrativo francés, la inmensa mayoría de ellos podría estar cumpliendo sus condenas en régimen abierto, porque el tiempo de condena ya cumplida se ajusta a lo especificado en las leyes para aplicarles dicho régimen, pero, desgraciadamente, no es así.
Una gran parte de ellos se encuentra en segundo grado penitenciario, algunos de ellos con la aplicación del art. 100.2, pero hay un número importante de presos con una privación de libertad que supera los 25 años, que aún no se les ha aplicado algo a lo que tienen derecho: permisos penitenciarios; salidas programadas, o la progresión a tercer grado.
Y a pesar de esta situación, queremos ser optimistas y también reconocer que, en los últimos tres años, hemos avanzado mucho. Pusimos fin a la política de alejamiento; al cumplimiento íntegro de las penas en primer grado penitenciario, a las celdas de aislamiento…, pero ahora nos toca exigir una política penitenciaria ordinaria e ir abriendo las puertas de sus celdas para que puedan reiniciar una vida en libertad.
Con todo esto, mayores y jóvenes, hombres y mujeres, al margen de adscripciones ideológicas diferentes, estamos llamados a responder democráticamente en las calles de Bilbo, el sábado 10 de enero.
Es esta una labor que nos interpela a todas y todos, porque como dijimos en Bilbo el pasado 18 de octubre: “Solo el esfuerzo compartido de todas y todos nos ayudará a lograr una convivencia, basada en los DDHH”, porque es de esto de lo que estamos hablando, de derechos humanos y es este el paraguas que debe servir para unir voluntades.
Desde la Red Ciudadana Sare, os invitamos a participar de esta tarea, porque el futuro de nuestra sociedad no puede ser solo la ausencia de violencia, sino la presencia activa de la empatía, la justicia y la solidaridad.
Firman este artículo: Joseba Azkarraga, Bego Atxa, Mikel Mundiñano, Beñat Uribe-Etxeberria, Ion Marauri, Irkus Badillo, Xabier Bidaurre, Eñaut Landa y Naikari Iturbe Miembros del Elkargune Nazional de Sare