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La carta del día

Cuidar es una cuestión de justicia

Cuidar es una cuestión de justiciaE.P.

En este 8 de marzo de 2026, cuando el mundo reclama derechos, justicia y acción para todas las mujeres y niñas, resulta imprescindible mirar de frente una realidad que sigue sosteniendo silenciosamente nuestra vida social: el trabajo de cuidados, profundamente feminizado y, con demasiada frecuencia, precarizado.

Navarra no es ajena a esta realidad. Los datos disponibles muestran que casi el 90% de las personas que permanecen fuera del mercado laboral por dedicarse al cuidado y a las tareas del hogar son mujeres, y que el empleo a tiempo parcial –estrechamente vinculado a la conciliación– continúa siendo mayoritariamente femenino. En sectores como el empleo del hogar o la atención a personas dependientes, la feminización es casi total, y las condiciones laborales siguen siendo frágiles. No hablamos solo de estadísticas: hablamos de trayectorias vitales marcadas por menores ingresos, menor protección social y mayor dependencia económica.

Esta realidad no responde a elecciones individuales aisladas, sino a una organización social que sigue asignando el cuidado como una responsabilidad femenina, más cercana al deber moral que al derecho laboral. Cuando el cuidado se naturaliza como “lo que hacen las mujeres”, se vuelve invisible, mal remunerado o directamente no reconocido.

Tal y como defiende Adela Cortina, una sociedad que no protege aquello que hace posible la vida no puede considerarse verdaderamente justa. El problema no es el cuidado en sí, sino su desigual reparto y su escaso reconocimiento social y político.

A esta desigualdad histórica se suman hoy nuevas formas de exclusión, como la brecha digital. La digitalización acelerada del empleo, de los trámites administrativos y del acceso a derechos está dejando atrás a muchas mujeres, especialmente a aquellas que trabajan en sectores feminizados como los cuidados. La falta de competencias digitales, de tiempo o de recursos tecnológicos se convierte en un obstáculo añadido para mejorar sus condiciones de vida y trabajo.

El actual papa ha recordado recientemente que el trabajo solo es verdaderamente humano cuando no excluye y cuando está al servicio de la dignidad de las personas, alertando de los riesgos de un progreso que genera nuevas periferias. Esta reflexión interpela a una sociedad que habla de progreso mientras tolera que millones de mujeres sigan sosteniendo el bienestar común desde la precariedad y la invisibilidad.

Hablar de igualdad este 8 de marzo exige preguntarnos quién cuida, en qué condiciones y con qué apoyos, y asumir que el cuidado es una responsabilidad colectiva que debe ser reconocida, compartida y protegida.

Porque sin derechos para las mujeres que cuidan no hay justicia social ni igualdad real.

Firman esta carta: Trini Díaz, José Donazar, Eduardo Górriz, Alberto Goñi, Ana Martínez, Guillermo Múgica y Milagros Soto En representación de la Pastoral del Mundo de Trabajo