El sueño americano existe, cualquier imbécil puede ser presidente, así es la libertad del capitalismo, la de Ayuso, similar a la de la dictadura, donde alguien puede ser caudillo por la gracia de dios. En efecto, un tipo naranja con tupé, donde podría posarse un buitre sin ceder un milímetro, que hace morritos, en su cerebro de 6 años, como dice G. Fesser, más maquillado que Elisabeth Taylor en su sexta boda, y que baila de forma ridícula moviendo los brazos con los puños cerrados, es ahora el protagonista en Hollywood. Toda la ciudadanía del orbe deberíamos poder votar en las elecciones de ese país, que se cree con derecho a intervenir en cualquier lado, dado lo que afecta a nuestro bolsillo, nuestra estabilidad emocional e integridad física.

Creíamos que era casi imposible superar la estulticia de Bush hijo, pero este tipo (no llega a señor) la ha superado, diciendo lo primero que se le ocurre, y al día siguiente, lo contrario. No tiene credibilidad. Se encontró con una emigrante ilegal traída por un pederasta suicidado en la cárcel, y en vez de deportarla, se casó con ella. Recién, ella ha hecho una película no necesaria, donde su mejor escena es cómo ponerse un sombrero que le tape los ojos, posiblemente, para no ver lo que hace su marido.

El tipo del tupé tuvo la gran oportunidad de demostrar su patriotismo en Vietnam, pero alegó que tenía un espolón, certificado por un doctor que resultó tenía su consulta en un local propiedad de su papá. Posteriormente, la que tuvo dos espolones de verdad en las sienes fue su esposa, la que no fue deportada. El último presidente que hizo la mili y luego estuvo en el frente fue Eisenhower, en la primera guerra mundial. Ahora hay una fuerte campaña para que se aliste al ejército su hijo Barron.

Recordarán ustedes seguramente, antes de empezar su lista de infundadas ocurrencias, su desvarío de mediados de enero, donde afirmó que Canadá debería convertirse en el estado número 51 de la Unión. No era la primera vez. Pues mira por donde, podría resultar que su aventura en medio Oriente para mantener un liderazgo planetario, termine curiosamente... en Ottawa! Y es que el primer ministro canadiense, Mark Carney, no es un político cualquiera; fue presidente del banco de Canadá y también el único presidente no británico del Banco de Inglaterra. El tupé ha pinchado en hueso, su laca se está espachurrando.

Carney sabe de economía, y puede demostrar que se puede ganar una guerra sin disparar una sola bala, jugando tus bazas en silencio con inteligencia, sin chulería, ni ejércitos, con diálogo y alianzas correctas. Irán e Israel son los que salen en los telediarios con humo y fuego, pero a veces, la partida se juega en otro tablero. Son las grandes empresas las que mueven los hilos, mientras nosotros observamos las marionetas. Las multinacionales necesitan planificación, y eso conlleva confianza, algo que ese tupé no provoca.

La guerra ya la hemos perdido las clases medias y bajas por el encarecimiento de los productos básicos, tenga que ver o no con la guerra; y la han ganado los vendedores de armas y grandes productores de energía. Pero mientras, la letra pequeña del contrato que nadie hemos firmado habla de una descomposición del imperio del último siglo, intentando distraer su opinión interna hacia afuera, de un escándalo que afecta al loco zanahorio con aventuras aquí y allá para que no se sepa su pertenencia a una lista de violadores y pedófilos. Le tiene frito. Muchas veces, las cosas son simplemente como parecen.

Irán lleva 40 años preparándose para esta agresión y parece que tiene un plan, no como el agresor, y ese plan es resistir, esperar a que el contrario se agote o se desespere. ¿Bombardear escuelas con 150 niñas va a liberar a las mujeres de Irán? A los pacifistas y defensores de los derechos sociales nos parece necesario difundir un mensaje tranquilizador, aunque las imágenes de la televisión nos pongan los pelos de punta. Si ustedes recuerdan la bandera de la India, tiene una ruedita en medio... ¿por qué? Esa ruedita es la rueca para hilar y fue usada por Gandhi como símbolo para la independencia de la India “…Usemos nuestras ruecas en vez de comprar la ropa a los británicos al triple de precio...,” dijo. Y los británicos se fueron.

No seré yo quien defienda a Sánchez de todas sus carencias, pero debemos reconocer que ha bastado su voz y la de Javier Bardem para que la gente de buena fe agradezca a esta piel de toro, a través de una pegatina con más de 20 años, que se vuelva a decir, No a la guerra. O como decía Anguita: “Malditas sean las guerras y los que las hacen”.

La hoja de arce en el centro de la bandera canadiense ya tiene de por sí un mensaje ecologista, defensor de la tierra. Si los nuevos compromisos de Carney con otras potencias mundiales, obligados por los chantajes y las humillaciones provenientes de su vecino del sur, se cumplen, podríamos avanzar hacia un liderazgo multipolar, y la moneda de cambio no ser sólo el dólar, sino otras 4 ó 5 más.

Termine como termine y cuando termine la aventura en el golfo Pérsico, Canadá es miembro del G-7 y sus contactos comerciales podrían inclinar la balanza hacia un mundo más repartido entre Europa, Rusia, China, Japón y los BRICs. La hoja de arce puede sumar ahora una metáfora de progreso y redistribución de la riqueza, minimizando el peligro nuclear y la dictadura de un loco egoísta. Si su árbol cae, todxs harán leña de él y se llegará a conocer, posiblemente, su amistad con el suicidado en la cárcel. Y quizá estemos siendo testigos de primera fila de un cambio sustancial en el orden mundial. Los tupés ya no se llevan. l