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Tribunas

La pobreza y la exclusión social también enferman

La pobreza y la exclusión social también enfermanIñaki Porto

¿Qué impacto tienen la pobreza y la exclusión en la salud? Más allá de intuiciones, un reciente estudio de la Fundación Banco de Alimentos de Navarra (BAN) aporta datos concretos: las personas en situación de vulnerabilidad alimentaria y social presentan una peor calidad de vida relacionada con la salud, especialmente en el ámbito emocional.

La pobreza y la exclusión social también enferman

El trabajo, recientemente publicado en la revista científica Healthcare (https://www.mdpi.com/2227-9032/14/9/1121) analiza la salud autopercibida de las personas beneficiarias del BAN y constituye una de las pocas evidencias disponibles en Europa sobre este fenómeno. Sus resultados permiten comprender con mayor precisión cómo la desigualdad social se traduce en desigualdad en salud.

Para ello, se utiliza la escala de calidad de vida relacionada con la salud EuroQol (EQ-5D-5L). Las dimensiones más afectadas son la ansiedad/depresión y el dolor/malestar, lo que refleja un peor estado de salud en comparación con la población general navarra.

Pobreza, exclusión social e inseguridad alimentaria: un determinante de salud

La pobreza y la exclusión social no son solo una cuestión de ingresos: condicionan aspectos esenciales de la vida cotidiana como la alimentación, la vivienda, el empleo o el acceso efectivo a los servicios sanitarios. En este contexto, la inseguridad alimentaria –la dificultad para acceder de forma regular a alimentos suficientes y nutritivos– emerge como un factor clave, asociado al estrés crónico y al deterioro de la salud mental.

Diversos estudios han demostrado esta relación. El estudio realizado en Navarra la confirma: las personas usuarias del BAN presentan un deterioro en su calidad de vida relacionada con la salud.

El peso de la salud mental

Uno de los hallazgos más relevantes es el impacto en la salud mental. Más del 60% de las personas encuestadas declara problemas de ansiedad o depresión, lo que convierte esta dimensión en la más afectada.

Este dato refleja una realidad conocida pero a menudo invisibilizada: la pobreza y la exclusión social generan una incertidumbre constante. La dificultad para cubrir necesidades básicas o la inestabilidad económica pueden traducirse en un estrés sostenido que afecta al bienestar psicológico.

El estudio también muestra que problemas como el dolor o el malestar físico son frecuentes, aunque en menor medida que los relacionados con la salud emocional.

Desigualdad en salud: más allá del sistema sanitario

Los resultados apuntan a una brecha clara en salud entre las personas en situación de vulnerabilidad y los valores de referencia de la población general, si bien estas comparaciones deben interpretarse con cautela.

Factores como la edad, la situación laboral o determinadas características sociodemográficas se asocian con peores resultados en salud, lo que refuerza la idea de que la salud está profundamente condicionada por factores sociales. En este sentido, la llamada ley de cuidados inversos, formulada por el médico británico Julian Tudor Hart –según la cual quienes más necesitan atención sanitaria son quienes menos acceso tienen a ella–, ayuda a comprender estas desigualdades, incluso en sistemas sanitarios universales.

Un círculo difícil de romper

La relación entre pobreza, exclusión y salud no es unidireccional. Las dificultades económicas se asocian con peor salud y, a su vez, una peor salud puede dificultar la mejora de las condiciones de vida, generando un círculo difícil de romper.

El estudio pone de relieve la importancia de actuar sobre los determinantes sociales de la salud: garantizar el acceso a una alimentación adecuada, mejorar las condiciones de vivienda, reducir la precariedad laboral y reforzar el apoyo social.

El papel de los bancos de alimentos

En este contexto, entidades como la Fundación Banco de Alimentos de Navarra desempeñan un papel relevante. Su labor no solo contribuye a aliviar situaciones de emergencia alimentaria, sino que también puede tener un impacto indirecto en la salud de las personas. No obstante, las autoras y autores del estudio subrayan que estas iniciativas deben entenderse como complementarias a las políticas públicas, no como sustitutivas.

Un mensaje claro

El estudio aporta una conclusión clara: la pobreza y la exclusión social no solo limitan oportunidades, sino que se asocian con un deterioro significativo en la calidad de vida relacionada con la salud.

Comprender esta relación es clave para diseñar políticas públicas más eficaces y avanzar hacia una sociedad más equitativa, donde las condiciones de vida no determinen el estado de salud de las personas.

Los autores son miembros del equipo investigador de la Fundación Banco de Alimentos de Navarra