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Tribuna

No a la mentira

No a la mentiraCedida

Puede parecer una perogrullada el título elegido para este artículo, pero creo que sería una manera mucho más rigurosa y responsable de hablar –y menos burda también– sobre la ampliación de la planta depuradora de Tudela.

Una vez resueltos todos los recursos administrativos vinculados al proyecto de mejora de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Tudela, y atendida la última solicitud de la CHE sobre su forma de tramitación, es momento de trasladar información objetiva sobre este proyecto, aunque con ello atraiga los dardos de quien acostumbra a recurrir a los ataques personales y alimentar discursos de polarización por falta de argumentos técnicos.

Para empezar, es de justicia destacar la buena situación que se le reconoce a Navarra en materia de saneamiento y depuración de aguas, que es –no lo olvidemos– de lo que realmente estamos hablando. Es el resultado de una larga trayectoria de trabajo riguroso, apoyado por políticos de distintas ideologías, con la sensatez que aporta la responsabilidad por mejorar la gestión del agua ahora y mañana. En este recorrido, debemos remontarnos a la creación de la sociedad pública Nilsa en 1989 y al primer Plan Director de Saneamiento, que en 2005 posibilitó que Navarra fuera la primera comunidad en cumplir la Directiva Europea de depuración de aguas residuales urbanas de 1991.

Hoy volvemos a encontrarnos en un momento clave en este reto, con la obligación de adaptarnos a la nueva Directiva Europea de 2024, que define una nueva etapa en la depuración de aguas, con exigencias más estrictas en materias medioambiental, energética y de gobernanza. En este escenario normativo, la mejora de la EDAR de Tudela, que hoy en día no cumple esta Directiva, es una actuación esencial para el sistema de saneamiento de la Ribera y de Navarra.

Ubicación sensata para la Ribera

Los hogares y empresas, a través de la depuración de aguas residuales, generamos a diario lodos o fangos que deben ser tratados en plantas cada vez más especializadas, cuya ubicación no es fruto de una decisión arbitraria. Tienen que estar vinculadas a una estación de un cierto tamaño, condicionada por el acceso al medio fluvial, en cauces principales y en una cota que evite bombeos innecesarios.

Son hechos objetivos que Tudela alberga la mayor depuradora del sur de Navarra construida en 2002, que está ciudad produce el 50% de los fangos generados en toda la Ribera y que esta planta recibe hoy los lodos de Cortes, Cintruénigo, Corella, Fitero, Monteagudo, Lodosa, Sartaguda y Mendavia. Es evidente, a la luz de una mínima reflexión técnica, que las actuales instalaciones de la estación de Tudela son la única ubicación sensata para la planta de tratamiento de fangos de la Ribera.

Aun así, el Ayuntamiento de Tudela traslada el mensaje de que la planta que preste servicio al sur de Navarra no debe instalarse en esta ciudad. Negativa que no va acompañada de ninguna alternativa ni de ningún argumento técnico, más allá de una pretendida desintegración mágica de los lodos de depuración, siguiendo la técnica del avestruz.

Además, lo que se plantea en Tudela –pese a la sorpresa de su alcalde– no es nada nuevo: se lleva desarrollando con éxito en la estación depuradora de Arazuri desde hace ya 25 años. La biometanización de los lodos de la Comarca de Pamplona y del norte de Navarra permite la generación de gas y la reducción emisiones de CO2, sin ningún tipo de afección, para obtener un producto fertilizante sujeto a la normativa y a las analíticas.

Sistema de saneamiento moderno y eficiente

La actual gestión de los lodos del sur de Navarra transportándolos a una empresa privada de Aragón no debería seguir prolongándose porque, más allá de costes económicos y pérdidas energéticas asociadas, depender de instalaciones externas para garantizar un servicio básico como la depuración del agua supone una enorme debilidad para Navarra.

Tudela y la Ribera se juegan mucho en esta decisión. Contar con un saneamiento moderno, eficiente y alineado con los retos medioambientales de la Directiva europea es clave para garantizar una economía competitiva y el desarrollo de nuestras industrias, para garantizar la salud pública y un buen estado ecológico de los ríos.

Por contra, nos encontramos con mensajes manipulados, reforzados ahora con esa escatológica campaña que quiere promover el Ayuntamiento de Tudela de ‘No a la mierda’. Los lodos de depuradora no son mierda, sino mayoritariamente agua. Además, esas posiciones están remando en contra del modelo que venimos desarrollando desde hace casi cuatro décadas en Navarra.

El negacionismo ambiental se alimenta de visiones cortoplacistas, de eslóganes simplistas y engañosos que niegan las necesidades reales de nuestra sociedad y nuestro sistema productivo, y termina pagándolo la propia ciudadanía, en este caso la tudelana. Contar una mentira cien veces, como diría aquel malévolo propagandista, no la convierte en verdad y, en este caso, tampoco soporta un mínimo debate técnico.

La autora es directora general de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra