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La carta del día

Ser navarro cansa

Ser navarro cansaATHLETIC CLUB

A raíz de la introducción del mapa de Euskal Herria (Vasconia, la Nabarra entera o el mapa inventado del separatismo expansionista vasco, llámenle ustedes como quieran) en la nueva camiseta del Athletic Club de Bilbao, se ha desatado una nueva polémica entre aquellos que propugnan una Navarra foral y española (y por supuesto, no vasca) y aquellos que defienden que Navarra es parte de Euskal Herria (y por supuesto, no española). Nada nuevo bajo el sol.

El año 1949, en pleno franquismo, Julio Caro Baroja publicaba Los Vascos, un libro de carácter etnológico en el que los mapas de las siete polémicas provincias eran habituales. No hubo ningún problema. El año 1953, también en pleno franquismo, su tío Pío Paroja publicaba una obra titulada El País Vasco, un libro de viajes por los territorios vascos en el que los territorios de Navarra y de Iparralde estaban igualmente incluidos. Más de lo mismo.

Víctor Pradera, Eladio Esparza o Garcilaso, todos ellos “padres fundadores” del navarrismo, destacaron por su furibundo antinacionalismo vasco, pero no por ello negaron la vasquidad de Navarra. Asi, Víctor Pradera, por ejemplo (autor de referencia del caudillo, por cierto), contraponía su amor puro por Vasconia (dentro del cual Navarra, por supuesto, estaba incluida) por el amor artificial que sentían los nacionalistas vascos por el infamioso Euzkadi, término inventado unos años atrás por el señor Sabino.

Hasta la llegada de la Transición, la inclusión de Navarra dentro de Euskal Herria o Vasconia (términos con los que la derecha navarra españolista se podía sentir cómodo) fue aceptada por los que podemos considerar predecesores del actual navarrismo. Siempre hablando en términos culturales, otra cosa era el terreno político.

Hoy, sin embargo, es prácticamente imposible mostrar cualquier tipo de hermanamiento o unión, aunque sea de tipo cultural, con nuestros vecinos del este sin que ésta sea mirada con recelo por este sector político, hasta extremos muchas veces ridículos. A su favor se ha de decir que, del mismo modo, mostrar una doble identidad vasca y española en público (muy habitual, por otra parte, durante buena parte de la historia contemporánea vasca) también se sigue viendo con recelo. Lo cual hace que todo lo que huela a vasco sea en buena medida rechazado por aquellos sectores de la sociedad navarra reacios al independentismo.

La polarización identitaria de la sociedad navarra actual lleva muchas veces a una división absurda que, retrocediendo unos pocos años atrás, muestra las caretas de unos y otros. Es tremendamente cansino el eterno debate en el que estamos sumergidos por los mapas, las banderas, los escudos, los himnos y la madre que los p…

Sinceramente, no sé cuál es la solución. Y este pequeño artículo tampoco tiene intención de dar respuesta a estos problemas. Pero sí que creo que un conocimiento algo más profundo de nuestra historia podría al menos hacernos algo más comprensibles y tolerantes a las posturas

de los demás. Y darnos cuenta también de lo complejas y cambiantes que son las identidades colectivas, frente a la visión simplista y excluidora que se suele dar desde los nacionalismos, visión que mucha veces reina en la sociedad navarra actual.

El autor es graduado en Historia