la vivienda que habita con su esposa, en el barrio donostiarra de Amara, está tan próxima a Anoeta que los días de partido se puede escuchar el rugir de los aficionados. Sin embargo, Ignacio Eizaguirre, de 90 años y antiguo portero de la Real Sociedad, ya no acude al estadio.

La casa, muy luminosa, está colonizada por los recuerdos. Estanterías repletas de libros; bajos de muebles con gruesos volúmenes de la historia del Valencia o de la Real Sociedad; un salón plagado de pequeños objetos y en el que su esposa muestra como un tesoro la bandeja que le regalaron en agosto de 1959 cuando puso fin a su carrera deportiva en Osasuna (1956-1959) y colgó, en un primer intento, los guantes; reproducciones en miniatura de los trofeos ganados con el Valencia, cuadros, fotografías? No pasa desapercibida, sin embargo, la proliferación de escudos del club pamplonés, bien en un cuadro colgado en el pasillo, en una reproducción de la plaza del Castillo... De Pamplona se llevó un grato recuerdo, a pesar de abandonar el cargo de entrenador sólo nueve meses después (marzo de 1960) de hacerse cargo de la plantilla.

Eizaguirre, que completó una larguísima y brillante carrera en Valencia, Real Sociedad y Osasuna, además de estar vinculado después a numerosos clubes como entrenador, conserva un cariño muy especial a Osasuna que, según enfatiza su esposa, ha sido también el cariño que Osasuna les ha dispensado siempre: antes y ahora, en la presidencia de Fermín Ezcurra y en las conversaciones que mantiene con Patxi Izco, la más reciente tras la victoria ante el Racing.

"Fui a Pamplona por un año y estuve cuatro", resalta. Pregunta por sus compañeros de entonces; por Manolo González, por Pello Egaña, por Sabino Andonegui, por Adolfo Marañón... Y no olvida al fallecido Luciano Ozcoidi, conserje de San Juan y utillero de Osasuna durante décadas.

Su vida y la de su familia está muy ligada a Pamplona, ciudad en la que conoció a su esposa, Carmen Sexmilo, y en la que nació la menor de sus hijas.

Amable, cercano, atento y cariñoso, en Valencia le siguen dando trato de mito. Recientemente, Canal 9 le dedicó un programa especial y convirtió su casa en un improvisado estudio. Eizaguirre no pierde ocasión de mostrar una revista del club levantino en la que ilustran un reportaje de Porteros de leyenda con una foto en la que aparece él junto a Ricardo Zamora y su padre, Agustín Eizaguirre.

La dinastía, objeto de muchas confusiones por la reiteración del apellido en otros guardametas, no ha encontrado, sin embargo, continuidad. Su hijo, Iñaki, probó en 1970 con el Compostela, en regional, cuando estudiaba Medicina en Santiago, pero puesto en la tesitura decidió optar por los libros. Hoy es el jefe del departamento de Cirugía Pediátrica del Hospital de San Sebastián. Entre sus seis nietos, ninguno manifiesta inclinaciones por la práctica del fútbol.

Eizaguirre, 18 veces internacional, fue el protagonista del documental El alma de la Roja, grabado tras el éxito de la Eurocopa. Un filme en el que el guardameta, narrador de mil anécdotas, deja una sentencia lapidaria: "Dicen que los viejos repetimos siempre las mismas historias. Yo prefiero pensar que sólo repetimos las que merecen la pena". Como su propia vida.