Juez de línea

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23.05.2021 | 01:10
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Terminar mal es empezar mal, advirtió Arrasate. Tiene razón en parte el entrenador y le avala la experiencia de las dos últimas temporadas, en las que Osasuna concluyó el Campeonato sumando y lo inició a continuación ganando en Leganés y en Cádiz. No creo que la desconexión veraniega altere el ánimo de los profesionales y si lo hace se supone que el descanso vendrá bien al cuerpo y a la mente para asimilar el reto que viene que, por otro lado, es el mismo de siempre: la permanencia. El objetivo, para mí, no es tanto acabar bien o mal como volver a repetir los magníficos resultados de los dos últimos cursos, estacionados al final de los 38 partidos en mitad de la tabla. Si ya en la anterior campaña resultó sobresaliente el décimo puesto, el undécimo de la actual tiene el mismo valor o más si contemplamos el alto número de lesiones (más de cien partidos perdidos si sumamos las incidencias de toda la plantilla) y cómo el equipo superó la racha de trece partidos sin ganar. Pensar en rebasar ese techo clasificatorio –lo que supondría acercarse a Europa– puede resultar estimulante para el cuerpo técnico y para los futbolistas, pero no deja de ser una carta a los Reyes Magos. Se ha demostrado una vez más que el torneo de Liga hace presa de forma imprevista en equipos que parecen tener armada una estructura robusta, como el Getafe o el Valencia, que venían de firmar buenas campañas, y los pone al borde del descenso. Fijar la meta en la permanencia no es de equipo pequeño o carente de ambición, es poner los pies en el suelo y no animar falsas expectativas que puedan acabar generando frustración y conduciendo al fracaso.

Y habrá que ver con qué plantilla cuenta Arrasate la próxima temporada. Hay muchos jugadores en el escaparate, como Moncayola, Sergio Herrera, Aridane, Torró, Nacho Vidal... El director deportivo, Braulio Vázquez, dijo que el club no quiere vender, que es una forma de curarse en salud ante la posibilidad de que un club deposite la cantidad de la cláusula. No parece, sin embargo, que después de temporada y media de pandemia haya mucho dinero en el mercado. Pero ya veremos. Lo primero es fijar las prioridades en materia de incorporaciones y aquí no hay mucho que descubrir porque los refuerzos están en casa. Budimir ha demostrado que encaja en el sistema de Arrasate y que puede ser un delantero que esté por encima de los diez goles. Ocho millones de euros es mucho dinero para Osasuna, pero rebajando la masa salarial con salidas puede ser accesible. Algo parecido ocurre con Manu Sánchez, un lateral que no solo ha hecho olvidar a Estupiñán sino que ha expuesto más fundamentos defensivos que el ecuatoriano. Un año más de cesión sería bueno para las tres partes. Si no, habrá que fichar porque los laterales fueron un punto débil hasta enero. Y no olvidar a la cantera.

Comience bien o mal, compre o venda, Osasuna volverá a jugar con ventaja si, como parece y no lo estropeamos, el público vuelve a El Sadar en la próxima temporada. Aunque más que regresar será estrenar. El respaldo de la hinchada pesa mucho en un equipo como Osasuna y en sus resultados. Ese será el mejor comienzo después de esta travesía del silencio en los campos.

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