Osasuna regresa este fin de semana a Montilivi, un estadio que no es uno más en la historia reciente de la entidad rojilla. Allí, en Girona, el club navarro escribió una de las páginas más emotivas y recordadas de su trayectoria: el ascenso de Osasuna a Primera División con Enrique Martín al frente, un logro forjado desde la fe, el sufrimiento y una conexión total entre equipo y afición. Un éxito que también llegó con bastante sorpresa tan solo un año después de salvarse de milagro en Sabadell y con un grupo lleno de canteranos, liderado por Mikel Merino.

Aquel Osasuna llegaba a Girona con la ventaja del partido de ida y con la idea de intentar cerrar un ascenso que a posteriori sería clave en el renacer deportivo y económico del club. No era un proyecto construido desde la abundancia, sino desde la necesidad. Un equipo hecho a base de compromiso, identidad y una idea muy clara transmitida desde el banquillo. Enrique Martín, técnico rojillo y símbolo del osasunismo, había conseguido algo que iba más allá de lo táctico: convencer a sus jugadores de que, pasara lo que pasara, Osasuna nunca se rendía.

Montilivi fue escenario de tensión, nervios y esperanza. Cada balón dividido parecía definitivo, cada acción se vivía como si fuera la última. Osasuna supo competir, sufrir y resistir en Girona, lejos de El Sadar, pero arropado por una afición rojilla que convirtió las gradas en una extensión de casa. Kodro, con una cabalgada que aún recuerdan todos los rojillos, adelantó a Osasuna y sentenció la eliminatoria para la alegría de todos.

Cuando el objetivo se certificó, la explosión fue total. Jugadores al césped, abrazos interminables y lágrimas de alivio, como las del presidente o las del propio Enrique Martín. No era solo un ascenso. Era la posibilidad de restaurar la economía del club, que se encontraba en la UCI tras años de problemas y con la entidad sumida en el caos por los problemas judiciales de los anteriores regidores.

Diez años después

El ascenso de Osasuna con Enrique Martín tuvo en Girona su imagen más icónica. Su liderazgo, su discurso directo y su conexión con el vestuario fueron claves para guiar al equipo de vuelta a la élite del fútbol español. Girona quedó grabado para siempre como el lugar donde Osasuna volvió a levantarse.

Ahora, el calendario caprichoso devuelve a Osasuna a Montilivi cuando se acerca la década de años de aquel hito. El contexto es distinto, los protagonistas han cambiado, pero la memoria sigue intacta.

Volver a este estadio es reencontrarse con un recuerdo imborrable, con una noche que explica muchas cosas de lo que es Club Atlético Osasuna a día de hoy. Es difícil entender la última década gloriosa de Osasuna sin aquel ascenso. Este fin de semana no solo se juega un partido en Montilivi. Se pisa un escenario que forma parte de la historia rojilla.