Los que tenemos cierta edad (tampoco mucha) recordamos cuando entre nuestra infancia y juventud explotó un videojuego que llevaba a Michael Robinson en la portada. Era el PC Fútbol. Luego vinieron las diversas versiones y también el FIFA, que acabó siendo el que se quedó con todo. Bueno, pues en ese juego no existían los límites salariales, ni los agentes, ni gestionabas personas. Incluso en alguna versión que ahora mismo no recuerdo se podía forzar al jugador a fichar. Vamos, que te montabas a Cristiano y a Messi en punta en un equipo de Segunda RFEF y lo hacías campeón de Europa.
Molaba, pero aquello era un juego virtual, no la realidad. Estamos en esa época en la que se leen según qué cosas, especialmente en redes sociales, dónde parece que Braulio y Cata fichan con un mando y a través de una consola y se pueden traer a quien quieran. Osasuna pese a su (doble) clasificación europea no debe salirse de lo que hasta ahora ha funcionado: la sobriedad y el acierto. Adelantarse a todos para que no se inicien subastas. Un ejemplo es el tremendo fichaje de Alejandro Catena. Pero fuera de ese método, los rojillos (como muchos equipos de la Liga) se encuentra en clara inferioridad. Por eso da un poco de vértigo ver cómo se habla de nombres de jugadores que se colocan muy por encima de los 5 millones de sueldo. Osasuna no está para eso ahora mismo. Si puede pagarlo en un futuro será una gran noticia, pero ahora mismo es una locura.
Para ese crecimiento son fundamentales tres nombres: Braulio, Arrasate y Canal. El primero, tras rechazar al Sevilla cuando muchos habrían salido disparados con el dinero, ha entendido que tan importante es acertar con los Rubén Garcías como reservar espacio para que los Iker Muñoz de turno puedan desarrollar todo su potencial. Cualquier otro habría cerrado el pivote que estaban rastreando y habría cedido al de Villafranca a algún Segunda. Incluso, tal vez, el propio Braulio de cuando llegó a Osasuna. Es una evolución evidente.
Luego está Arrasate, cuyo trabajo es fundamental para incrementar ingresos gracias a las clasificaciones ligueras o, quien sabe, europeas. Pero también gracias a su trabajo están creciendo jugadores que pueden suponer una plusvalía para el club.
Y aquí es donde está uno de los lunares de Osasuna. El club no ha conseguido capitalizar ese crecimiento con una venta importante. Sí, claro que es necesario la retención del talento y, sobre todo, no regalar a nadie como se hizo en un pasado aún cercano (¿si se devuelve el dinero aún nos quedamos con Merino, como promulgaba alguno dentro del club o ya ha pasado el plazo?), pero una venta con cierta importancia sería un impulso para el futuro del club y no tanto un crédito en Inglaterra o un acuerdo con un fondo de inversión lleno de polémica. Y ahí es donde entra el director general. Veremos si tras su marcha atrás en Vigo y su incontestable éxito en la UEFA, logra una gran operación y acicalar un poco unas cuentas con deuda controlada. Que luego deja de estar controlada en cualquier momento y tenemos (otro) susto. Que ejemplos como el del Barcelona sirvan para verlos y ya, pero de lejos.
Del acierto de todos depende que un osasunismo creciente y cada vez más vigoroso se asiente sobre bases sólidas que no dependan solo de que la pelotita entre. Que esto no es el FIFA y aquí no se puede tirar del cable.