Kike Barja volvió a ser decisivo para que Osasuna encadenara 35 partidos de Liga seguidos marcando en El Sadar y se reencontrará con el triunfo tras tres jornadas sin conocerlo. El extremo salió desde el banquillo como primer cambio, relevó a Aimar Oroz, casi nada, y a 10 minutos del final del partido (16 en realidad, porque luego hubo 6 de añadido) pudo un centro con su pierna derecha que Budimir envío de cabeza dentro de la portería de un Gazzaniga que hasta ese instante lo había parado todo.
El centro de Barja fue un caramelo. Llegó tras una larga conducción del internacional Víctor, que cuando el extremo de Noáin ingresó en el terreno de juego abandonó la banda izquierda del ataque de Osasuna para centrar su posición. Con el balón ya en su poder, Barja regateó a su defensor, un Hugo Rincón que ya había sufrido de lo lindo con Víctor, y puso un centro con la derecha que Budimir agradeció con un preciso remate de cabeza.
La celebración del gol, con dos versiones, es la prueba de que Barja sabía que la había liado bien gorda. Y es que el croata festejó su tanto como lo suele hacer habitualmente, mientras que su asistente se giró hacia la grada, abrió los brazos y miró hacia el cielo eufórico.
Pudo redondear Barja su actuación con un gol en el descuento, pero su remate mordido lo atrapó Gazzaniga, aunque no le faltó fue la picardía de un capitán, retrasando el saque de alguna falta favorable al Girona, rival ante el que el extremo de Noáin de volvió a reivindicar saliendo desde el banquillo. Primero lo hizo con un puñado de centros en muy pocos minutos en Valencia, donde cayó 1-0 Osasuna cayó; después con un gol contra el Mallorca que ayudó a recuperar un punto en El Sadar después de un 0-2 adverso; y hace poco menos de una semana, con una asistencia a Víctor para que el nuevo internacional anotara el tanto del honor rojillo en Anoeta (3-1). Ayer asistió a Budimir para una victoria que permite a Osasuna mirar hacia arriba. Hacia Europa.
Barja ha ido ascendiendo en el escalafón de Lisci, que tiró del canterano en el primero de sus cuatro cambios (incomprensiblemente no los agotó en el añadido para intentar arañar unos segundos), incluso por delante de Raúl Moro, el rutilante fichaje de Osasuna en el mercado de invierno que ayer no tuvo minutos. La titularidad es la última barrera que le queda por derribar, pero eso ya queda para después del parón liguero del próximo fin de semana por la disputa de partidos internacionales de selecciones. De momento, como revulsivo pelea por ganarse la renovación. Y es que en junio acaba contrato. De momento, ejerció de capitán en el banquillo, en el campo cuando salió y acercando a sus compañeros a la grada para volver a dar cariño a Indar Gorri.