Osasuna tiene algunos partidos en los que obliga a los que escribimos a darle unas cuantas vueltas al coco para poder explicar lo sucedido en el verde. El del Levante es uno de ellos. Un encuentro clave para pelear por Europa y, además, cerrar una salvación que cada vez se encarece más. Todo de cara en diez minutos. Un gol en propia puerta, otro de Budimir aprovechando una buena acción de Bretones, y un rival al que ya le pitaban en su propio estadio. 

Una situación ideal para cualquier equipo que sepa tener un mínimo control de los partidos. Pero este Osasuna ya ha demostrado que no se le da bien. Sería fácil achacar, como en otras ocasiones, que el entrenador, Alessio Lisci, mandó un mensaje poco ambicioso. Pero es que no le dio ni tiempo. 

¿Es culpa de Lisci que sus jugadores sean incapaces de despejar un balón que se pasea a medio metro de la línea? ¿O de que Sergio, que lleva varias semanas mucho más apagado de lo habitual, no salga, o se coma un centro pasado que se envenena y se cuela? Todo esto en 107 segundos. Incapacidad absoluta de controlar un partido. Lisci asumió la culpa de la derrota, pero la realidad es que en un partido como el del Ciutat, ni con Mourinho (muy de moda ahora) Osasuna habría sacado algo de Valencia cometiendo semejantes errores individuales.

Ya ni hablamos en que cometa una acción impropia de un profesional y mida tan mal una salida que acabe en su expulsión. 

Todo mal. O mejor dicho, horrible. Aunque aún quedaba su incomprensible comparecencia post partido para poner la guinda a un día horripilante. Sergio es un grande, historia de Osasuna, pero nada de lo que hizo en el Ciutat de Valencia tiene una justificación lógica. 

En su papel, casi histórico, de levanta muertos, a Osasuna le marcó Víctor García dos goles en minuto y medio. Llevaba la impresionante cifra de cero en toda la temporada. Pero no contentos con ello, el gol de la derrota lo marcó Etta Eyong. que no marcaba desde el 26 de octubre. ¡El 26 de octubre!

Bueno, pues nada, el tema de Europa ya debe de quedar aparcado. Y no por clasificación ni distancia a los que compiten por ello, sino por diferencia de mentalidad. Los rojillos tienen que cerrar su salvación, que ahora mismo puede que con 42 no valgan, así que para evitar sustos hay que rascar contra el Atlético o Espanyol. Braulio dijo que el partido marcaría los objetivos hasta final de temporada y los jugadores lo dejaron clarísimo. Toca salvarse y que el harakiri no sea más profundo.