Osasuna rechazó el regalo que le ha hecho a la Liga el Rayo Vallecano y perdió ante el Levante en un encuentro con tintes de decisivo para la definición del reparto de plazas para jugar una competición europea la próxima temporada. Los hechos dicen eso, pero los matices hablan de un encuentro disparatado por parte de los rojillos, dramático en la conclusión porque se sufrió la remontada en el minuto 90, después de haber estado sometido al dominio del Levante que se aprovechó de la superioridad numérica para llevarse finalmente el premio a la insistencia. Si la voltereta es después de desperdiciar dos goles de ventaja, tras haber concedido dos goles en dos minutos, uno de ellos por un error monumental del portero, y que el propio meta se autoexpulsa al filo del descanso por una acción disparatada, la historia de terror, la crónica de sucesos, adquiere dimensiones considerables, terribles.
Osasuna dejó escapar tres puntos ante el Levante en un encuentro calamitoso tras una actuación indefendible, imposible de encajar con cualquier objetivo decoroso. La fiabilidad del equipo fuera de casa volvió a quedar cuestionada y la posibilidad de alcanzar una competición europea, todavía más complicada. Aunque las matemáticas digan otra cosa, la candidatura a estar en Europa es poco defendible.
Todas las sensaciones que recogió Osasuna en el partido con el Levante fueron amargas. Como además no hubo premio de ningún tipo en forma de puntos, todo se funde en negro. El disparatado final del primer tiempo que tuvo como protagonista a Sergio Herrera dirigió el partido hacia la angustia de los rojillos y se convirtió en el asunto decisivo. El encuentro había comenzado a toda máquina para los intereses de Osasuna porque con un gol en propia puerta a los tres minutos y un segundo tanto, obra de Budimir, recién rebasados los diez, no había nada más que hablar en cuanto a confortabilidad de la situación y ánimo hinchado.
Osasuna vivió en una calma absoluta frente a un Levante desconcertado y fallón y, con control y poco juego, el encuentro se fue marchando hasta entrar en los diez minutos finales fatales. El equipo valenciano se estaba empeñando en encontrar a su ariete, el gigantón Espí, y por eso insistió en los centros y acometidas por alto. En un córner forzado por su delantero, a Osasuna le hicieron mucho daño, con demasiada facilidad en su ejecución, con un remate en soledad en el segundo palo de Víctor García, era el minuto 35. Dos minutos más tarde, el mismo jugador soltó un centro chut desde casi 30 metros que pilló descolocado a Sergio Herrera, que fue rebasado por el balón. Dos goles en dos minutos y partido nuevo, casi, salvo por el bajonazo emocional y el pinchazo en la confianza. Sergio Herrera insistió en el drama para los suyos con una salida alocada que se saldó con una tarjeta roja por tocar el balón con la mano en el centro del campo. En diez minutos se había roto todo. Todo lo había roto Osasuna.
La segunda mitad, con Aitor Fernández de portero tras haber relevado a Aimar Oroz para recomponer un equipo con diez, fue un ejercicio de resistencia ante el bombardeo del Levante. Osasuna estuvo amontonado alrededor de su área, soportando decenas de centros y levantando un muro en el que Aitor fue el mejor de los rojillos -el meta evitó una goleada y una derrota temprana-. El gol en el minuto 90 obra de Etta Eyong fue el colofón de una actuación calamitosa de un Osasuna exhausto, que parecía decir adiós a cualquier aspiración. Los sueños se rompen cuando menos te lo esperas.