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El artista navarro que recuperó el lápiz a los 50 años para retratar Pamplona y Osasuna

Tras más de tres décadas sin dibujar, el pamplonés convirtió una afición de infancia en una pasión que hoy da forma a retratos y rincones de la ciudad

El artista navarro que recuperó el lápiz a los 50 años para retratar Pamplona y OsasunaCedida

Hace siete años, Karlos Muñoz Catalán volvió a coger un lápiz después de más de tres décadas sin dibujar. Lo que comenzó como la recuperación de una afición olvidada terminó transformándose en una pasión que hoy ocupa gran parte de su vida y que le ha permitido ganarse el reconocimiento de cientos de personas a través de retratos, ilustraciones de Pamplona y obras inspiradas en Osasuna.

Sus dibujos, difundidos principalmente a través de las redes sociales se caracterizan por una mirada personal sobre escenas cotidianas, personajes populares y algunos de los lugares más emblemáticos de la capital navarra. También por una constante búsqueda de la emoción, especialmente en los retratos, uno de los géneros con los que más disfruta trabajando.

“Me gusta emocionar. He visto a gente llorar al recibir un retrato y eso es algo muy especial”, explica el pamplonés de 56 años. Para él, el valor de una obra no está únicamente en la técnica, sino en la capacidad de transmitir algo a quien la contempla.

Un retrato de Karlos Muñoz.

Una pasión nacida junto a su padre

Su relación con el dibujo comenzó mucho antes de que imaginara dedicarse a ello. Su padre trabajó durante años como delineante y posteriormente como aparejador en el Ayuntamiento de Pamplona, y gran parte de sus recuerdos de infancia transcurren entre planos, reglas, plantillas y rotuladores.

“Me sentaba a su lado mientras trabajaba y utilizaba los rotring, las plantillas para hacer letras y todas esas herramientas. Es uno de los recuerdos más claros que tengo de mi infancia”, recuerda.

Ya en la escuela destacaba por su facilidad para dibujar, especialmente animales y rostros. Sin embargo, al terminar la EGB abandonó aquella afición. Durante más de treinta años apenas volvió a acercarse al dibujo, aunque la creatividad siguió presente en otros aspectos de su vida.

De hecho, fue uno de los fundadores de Indar Gorri en 1987 y siempre mantuvo una estrecha relación con el entorno rojillo. “Yo pensaba que era el que peor dibujaba de la familia”, admite.

Obras de Karlos Muñoz sobre Osasuna.

El regreso inesperado

La vuelta llegó en 2019 de una forma completamente inesperada. Una amiga, que le veía realizar pequeños bocetos sobre servilletas y papeles sueltos, apareció un día con un atril y varios carboncillos.

“Me dijo que por qué no volvía a dibujar”, recuerda. En aquel momento se encontraba desempleado y comenzó a realizar pequeños retratos que compartía en Facebook. Primero fueron medias caras y estudios de ojos. Después llegaron retratos más complejos y dibujos de vecinos de Villafranca, localidad de la que proceden sus padres.

Aquellas publicaciones llamaron la atención del Ayuntamiento de la localidad, que le propuso organizar una exposición. Poco después llegó la pandemia y, mientras buena parte de la actividad cotidiana se paralizaba, Muñoz encontró en el dibujo una vía de escape. “Fue una especie de arteterapia. Pasaba horas dibujando y compartiendo mis trabajos en redes sociales”, explica.

Pamplona y Osasuna como inspiración

Buena parte de su obra está ligada a dos elementos inseparables de su biografía: Pamplona y Osasuna. El artista navarro ha dedicado numerosos trabajos a rincones de la ciudad, escenas populares y personajes vinculados a la vida cotidiana navarra. También a elementos representativos de la cultura local, como los Timbaleros, la Plaza del Castillo o el grupo Duguna.

El Ayuntamiento y la Plaza del Castillo de Pamplona dibujados por Muñoz.

“Pamplona y Osasuna forman parte de mi vida”, resume. Su vínculo con el club rojillo viene de lejos. Llegó a jugar en categorías inferiores de Osasuna hasta edad juvenil y desde entonces ha seguido ligado al equipo como un rojillo más.

Dibujar para emocionar

Aunque reconoce que sigue considerándose un artista autodidacta, estos siete años le han servido para desarrollar un estilo propio basado en la intuición y la experimentación con distintos materiales. “No sigo normas académicas ni técnicas establecidas. Mezclo materiales y hago las cosas a mi manera”, señala el artista, que recientemente ha puesto en marcha un espacio en la Calle San Agustín 38 bajo donde expone parte de su obra.

Entre todas las disciplinas, los retratos continúan siendo el desafío más complejo. “Cuando dibujas una persona siempre existe la incertidumbre de si se sentirá identificada. El parecido es fundamental”, explica.

Retratos realizados por el artista navarro Karlos Muñoz.

Mirando al futuro, Muñoz no habla de grandes metas ni de reconocimientos. Su aspiración es mucho más sencilla: seguir creando. “Mi mayor ilusión sería poder vivir de mi trabajo artístico. Creo que es algo de lo que mi padre estaría muy orgulloso”, afirma.