El ‘no a la guerra’ ensancha trincheras
Asegurada la aprobación de sus medidas económicas, Sánchez martiriza al PP por la gestión de Aznar en Irak, mientras Feijóo le tilda de “matón con tics dictatoriales”. Rufián desea el “ostracismo” de Junts
El socorrido eslogan ideológico 'no a la guerra' resulta poliédrico. Ofrece un crisol de alternativas dialécticas, todas cargadas de aviesa intención. Al presidente le viene como anillo al dedo para martirizar al PP por sus vacilaciones y el apoyo de Aznar hace 23 años a la cruel invasión de Irak. A Feijóo, le sirve de carrete argumentario para seguir denostando a Sánchez, en quien ve un “matón con tics dictatoriales”. A Abascal, como disculpa para el latiguillo de “inmigrantes invasores”. A Sumar, para tomar oxígeno en medio de su inanición. Y a ERC y Junts para echarse sin recato las vergüenzas a la cara. Otra confrontación parlamentaria aderezada con demasiados golpes bajos, propia de un ambiente electorializado y que ensancha las trincheras donde se cobijan dos bandos ávidos de venganza.
Sabedor de que tiene asegurada la aprobación de sus medidas económicas, PS ha disfrutado como nunca asaeteando sin compasión a la bancada 'popular'. Aunque se ha refugiado de salida en un tono estadista, las ácidas críticas personales del líder del PP le han arrastrado en las réplicas hacia un verbo demasiado prepotente, plagado de arrogancia, posiblemente impropio de su cargo. Influye que jugaba con el viento a favor. Dispone de un reconocimiento de la prensa internacional como némesis de Trump y Netanyahu y no ha dudado en recordarlo satisfecho. La identificación de hasta 24 países de la UE “con nuestra postura inquebrantable y no vamos a cambiar”, ha remarcado. En este clima de exaltación ha aseverado: “siento el orgullo de ser español”. De hecho, las pérdidas humanas, económicas y un futuro incierto avalan también su firme denuncia hacia esta “invasión ilegal”. Y, por si fuera poco, tiene un demoledor respaldo ciudadano a su bandera pacifista. Así ha dominado mejor que nadie el cometido de narrar desde la tribuna los horrores en Irán, Líbano o Gaza. Sobre todo, cuando se ha comparado con la actitud del entonces presidente Aznar al secundar éste por su cuenta y riesgo “el mayor desastre geopolítico del mundo desde la guerra de Vietnam”. Han pasado 23 años, pero Sánchez lo ha hecho presente reiteradamente para desconsuelo contenido de Feijóo.
Sin caretas
El líder socialista ha ahondado en las contradicciones del PP para retar una y otra vez a su presidente. Le ha afeado el retraso en rechazar la invasión de Trump. Le ha desnudado la carencia de propuestas reparadoras en contraposición a sus propuestas sociales. Pero le ha indignado sobremanera que las vaya a rechazar este jueves. Quizá por eso ha utilizado una agresiva verborrea descalificadora hacia Feijóo, de quien ha dicho “no sabe poner Huelva en el mapa y habla de una bomba nuclear que no existe”. Harto de recibir tantas collejas, el aludido le ha retado directamente a un examen “en las urnas”. Sánchez, ya envalentonado, ha evitado la respuesta y ha mantenido la acidez hasta después del debate, que ha durado cinco horas y media. Ya en el pleno de control, incluso ha pedido al jefe de la oposición que trabajara un poco más y se preparara los temas. Proyectar esta imagen de insolvencia es un recurso permanente desde la coalición gobernante. López también lo ha hecho, aunque su voz más enérgica fue para rogar al PP “que acabe de una puñetera vez de utilizar a las víctimas de ETA”.
Rufián ha terciado en esta trifulca al decir que el PP “no tiene proyecto, solo se guía por decir lo contrario del Gobierno”. Ha puesto como ejemplo que se había asistido “al mejor discurso hasta ahora de Feijóo, pero es sencillamente una copia de Vox”. El portavoz de ERC –autor del gag de la jornada al tildar de George Clooney al presidente aragonés Azcón en su triste referencia a María Jesús Montero– ve, en cambio, “visión y potra estratégica” de Sánchez cuando se refugia en su latiguillo del 'no a la guerra', pero le censura “que siga comprando armas y no intervenga el mercado energético”. El presidente no cree que le asista la baraka. “Recuerde la pandemia, Ucrania, inundaciones…”, le ha respondido jocosamente.
A su vez, entre los dos principales partidos no hay rincón para la tregua feroz. El político gallego lo ha dejado claro desde el principio. “Estamos contra la guerra y contra usted” ha sido su frase lapidaria de entrada. A partir de ahí, ha arrastrado la confrontación hacia las cuestiones domésticas, y en especial contra las contradicciones de Sánchez. En este contexto, ha aludido a la pírrica justificación de evitar los Presupuestos por el estado de guerra, a la compra de armas a EE.UU. e Israel o “el envío de torpedos y 200 marinos sin el permiso del Congreso“. Lo ha resumido rápidamente: “estamos en manos de un trilero”.
A la pelea se ha incorporado con suerte muy desigual la portavoz de Sumar sin despertar pasiones en su defensa del decreto de vivienda, su apelación a la solidaridad hispano-cubana, o el feminismo. Nadie de Podemos se ha quedado a escucharla. Otro botón de muestra sobre el estado de la división en esta facción de la izquierda, ya más cerca de presentar las listas en Andalucía.
ERC y Junts, a degüello
Por su parte, el independentismo catalán avanza dividido entre mutuas dentelladas. Gabriel Rufián lo ha demostrado al apretar el acelerador con una crítica directa a Junts, al acusarles de mentir en su justificación de rechazo al decreto de Sumar sobre los alquileres y a renglón seguido imputarles que responden a los intereses de una empresa inmobiliaria. Su rabia era tal que ha deseado al partido de Puigdemont “años de ostracismo político”.
Miriam Nogueras no se ha inmutado. Ha preferido desacreditar el papel de ERC como colaborador necesario del Gobierno español enumerando durante 3’40 minutos los logros de sus diputados. Ha sido una larga perorata, pero la portavoz de Junts ha advertido: “¿Les aburrimos? Más nos aburren ustedes”. Por si acaso, Rufián no estaba ya en su escaño.
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