Otra reválida superada. Pedro Sánchez se crece ante las crisis. Le acompaña el amuleto del decreto ley desde que lo ensayó con profusión en la pandemia. Lo ha vuelto a manejar para sacar adelante un paquete de ayudas excepcionales de 5.000 millones de euros destinadas a paliar los efectos ya latentes de la guerra de Irak. Además, en un momento político de evidente debilidad, recupera el espíritu de la investidura mediante el apoyo de los socios –excepción hecha y nada influyente de Podemos– que le convirtieron en presidente de esta convulsa legislatura. El PP se queda donde se le esperaba, en esa tierra de nadie de la abstención porque no podía arriesgarse a rechazar muchas medidas que llevan su sello y tampoco apoyar a un gobierno que vuelva a salir sonriente de un nuevo atolladero. El desenlace rescató situaciones ya olvidadas para la coalición de poder: 175 votos a favor, 33 en contra y 141 abstenciones.

Eran las 16.27 horas cuando la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, y su cacareado sucesor, Carlos Cuerpo (hecho realidad poco después) abandonaban el Congreso ufanos y entrelazados. La imagen tiene mensaje. Muchos ya veían ahí la imagen de un relevo sustentado en la lógica. La ascensión del actual ministro de Economía provoca unanimidad y escasos rechazos objetivos. Supone, y así se cumple, el reconocimiento a un talento evidente y a un estilo de gestión sereno y práctico, muy alejado de la temperamental candidata socialista a la Junta de Andalucía, fiel muleta eterna para Sánchez. En todo caso, el paseo conjunto ante las cámaras reflejaba el signo de una victoria más necesaria que nunca para un Gobierno de dos partidos derrotados en las tres últimas citas electorales y enfrentados hasta el límite que les permite seguir unidos por conveniencia.

Tampoco ha habido espacio para la sorpresa en la jornada definitiva, tras el tenso debate de ayer. La suerte estaba echada desde que en la víspera Junts había levantado el dedo pulgar y privó de la emoción. El PP, sin embargo, ha intentado el golpe de efecto hasta el último momento, aunque mirando a la galería, a sabiendas de que no prosperaría. La cultura del desacuerdo entre estos dos partidos mayoritarios cada día toma más fuerza. Un enconado pulso que encuentra leves treguas como ocurrió ayer para aprobar que Formentera tenga un senador propio. 

Las medidas aprobadas

En el debate de mayor calado, el diputado 'popular' Juan Bravo se ha desgañitado, acompañándose de cuadros y gráficos muy explicativos, para demostrar que la petición de su partido de deflactar el IRPF tiene fundamento. Ha detallado con cifras la progresiva pérdida de poder adquisitivo a la que asisten las familias en los últimos años, pero su oferta a Cuerpo de que votarían a favor del decreto de ayudas si admitían esta propuesta fiscal ha sido desentendida. En su último turno, el ministro aludido, que ha agradecido el tono de los distintos portavoces, ni siquiera la ha mencionado. Simplemente se ha comprometido a seguir evaluando las propuestas sometidas a aprobación. Tras este previsible portazo, los 'populares' ya disponían del justificante para su abstención. Una posición escondida, pero imaginable, y donde conviven el consuelo moral de que la aplicación de rebajas en el IVA de varios productos lleva su marca y, a su vez, el augurio de que el decreto aprobado será insuficiente para conjugar el desastre económico de la invasión ilegal de Irak.

Junto a la rebaja de los combustibles, hay una disminución de impuestos de la electricidad en un 60%, con la rebaja del 21 al 10% del IVA, la reducción al 0,5% del impuesto especial sobre la electricidad y la suspensión temporal del impuesto del valor sobre la producción de energía eléctrica. La rebaja del IVA al 10% también se extiende al gas natural, a los pellets y a la leña. El descuento general se acompaña de una ayuda directa de 20 céntimos por libre de combustible a los transportistas, agricultores, ganaderos y pescadores hasta el 30 de junio, además de una ayuda equivalente para la compra de fertilizantes. 

Pulso recuperado

Con el refrendo a este escudo social y su bandera del 'no a la guerra', dirigiendo un remodelado Consejo de Ministros, Sánchez recupera el pulso político, diezmado en los severos tropiezos electorales de Extremadura y Aragón, sobre todo, y Castilla y León, pero, de manera significativa, también ve cómo Junts vuelve al redil en un momento tan crucial. Un voto que lleva implícita otra sutil maniobra del Gobierno. Consiste en recuperar del baúl de los desacuerdos una petición en favor de los autónomos a la que en su día el propio PSOE votó en contra, pero que ahora entiende que rectificar es de sabios. Con este guiño atrae apoyo vital de los independentistas catalanes, siempre imprevisibles, y que neutraliza el nuevo desapego exhibido por un beligerante Podemos, mucho más preocupado de lanzar soflamas ideológicas para marcar territorio dentro de esa izquierda progresista que sigue buscándose a sí misma, mucho más ahora con el examen de Andalucía a las puertas. 

Recuperado así en su totalidad el espíritu de la investidura, grupos como BNG o Compromís han aparcado sus discrepancias con la filosofía del decreto, posiblemente por el efecto pernicioso y de difícil comprensión ciudadana que conlleva rechazar abaratar la gasolina o el precio de la luz. Ni siquiera la portavoz del partido valencianista se ha opuesto aunque en la retahíla de acuerdos que se proponen no figuran las ayudas a los afectados de la dana que quedaron bloqueadas cuando se rechazó el polémico decreto ómnibus donde figuraban. El bolsillo siempre tiene razones poderosas para guiar el sentido del voto.