Fermín Pérez-Nievas (Tudela, 1971) lleva desde 1997 trabajando en DIARIO DE NOTICIAS. Ahora publica un nuevo libro con Pamiela sobre los cinco años de la República hasta el estallido de la represión en el 36 en Corella. Es el cuarto ensayo de este periodista, los tres sobre memoria histórica. En este caso, apoyado por el propio Ayuntamiento corellano.

Llegó a este libro trabajando...

–Casi sin quererlo. Todos mis libros han venido de reportajes.

Eso también es una actitud para rastrear y denota curiosidad.

–En un periodista es importante la curiosidad y la mente abierta. Sabía que había habido mucha represión en Corella. Lo que vi al sumergirme en su archivo es de tal categoría y calidad documental que pensé que esto tenía que ser contado.

Muestra del horror golpista.

–La famosa ‘banalización del mal’, que personas normales acaben convirtiéndose en carniceros. La proclamación de la República en Corella fue mucho más emblemática, pacífica, ilusionante y romántica que la de Tudela. Una demostración de cómo el pueblo tomó el poder y la calle.

De forma muy cinematográfica...

–Más de mil quinientas personas acudieron al Ayuntamiento enteradas de que se había proclamado la República en el resto de España. Una representación del Ayuntamiento fue en coche hasta Tudela para informarse tras llamar repetidamente al Gobierno Civil sin éxito; supongo que todas las localidades de Navarra estarían haciendo lo mismo.

Me imagino la estampa.

–Cuando volvieron de Tudela la multitud seguía esperando sin que hubiera ni un solo incidente. Izaron la bandera republicana, retiraron el retrato de Alfonso XIII y se proclamó un comité que ejerció de Ayuntamiento provisional. Sin ningún tiro, sin ninguna bronca ni pelea.

Y cinco años después...

–El 18 de julio se sacó a la gente de los bares, hubo un enfrentamiento a tiros en la Casa del Pueblo, también en el Ayuntamiento, donde se refugiaron los últimos socialistas. Hasta tal punto llegó la violencia y el odio que a dos heridos los acabaron tiroteando en sus propias camillas. Fueron los primeros muertos en Corella. Ninguno llegaba a los 25 años de edad.

“Lo que vi al sumergirme en el archivo de Corella es de tal categoría y calidad documental que pensé que esto tenía que ser contado”

Qué salvajada.

–En la mañana del 19 de julio padres que habían salido a comprar churros para su familia fueron detenidos. A los detenidos les pusieron en el suelo, les pisaron y humillaron.

El inicio de un sufrimiento sin fin.

–Con especial inquina y barbarie en Corella. Hubo mucho salvajismo. En localidades con muchos terratenientes, fortunas y títulos nobiliarios hubo miedo a que de la noche a la mañana pudiesen perder estatus y privilegios... Como periodista he intentando crear una especie de puzle entre todo lo encontrado en libros, entrevistas, periódicos de la época, archivos...

Fijándose especialmente en ciertos detalles de todo aquello.

–Recurro a aquello que decía Unamuno sobre la intrahistoria. Los pequeños detalles de las pequeñas poblaciones como Corella dan una visión del salvajismo que existió.

¿Por ejemplo?

–El sepulturero pidió al Ayuntamiento un aumento por haber trabajado más de lo habitual. Había enterrado a 26 personas más hasta noviembre.

En total se mató a 87 personas.

–Sí, está el caso de la familia Garijo Escribano, primer matrimonio civil, socialistas relevantes. El padre, Faustino, murió en la cárcel. A uno de su hijos, Justo, de 15 años, lo fusilaron en Milagro por no delatar dónde estaban su padre y el marido de su hermana.

Con 15 añicos.

–A Jesús, hermano de Justo, lo asesinaron cuando volvió del frente, porque se había alistado para evitar la muerte. Varias hermanas fueron represaliadas con cortes de pelo y palizas. La familia acabó huyendo de Corella y se fue a vivir a Pamplona.

¿Cómo discurrió su vida a partir de entonces?

–No contentos con eso les juzgaron por su militancia y les condenaron a una pena monetaria que debió pagar la viuda.

¡Cuánta saña!

–O el caso de Manuel Muñoz, le dieron una paliza cuando volvió a Corella de un Batallón de Presos. Acabó siendo condenado en 1939 a 30 años de prisión por “adhesión a la rebelión” y murió en la cárcel en 1942 por las condiciones en que vivía.

Esa fue otra, la represión y miseria de la posguerra.

–O la madre de Juan Arellano, fusilado también en Corella, que al poco tiempo del asesinato de su hijo, vio al asesino salir de un bar con el traje que llevaba su hijo el día que lo mataron.

La perversión.

–No sé ni cómo calificarlo. Mujeres hijas de fusilados hablaron de los cortes de pelo para el escarnio popular. A unas le sentaban en una silla delante de su casa. A otras les subían al balcón del Ayuntamiento, para que todo el mundo les viera cómo les cortaban el pelo, entre insultos de vecinos...

Qué indecencia.

–Los asesinatos son bárbaros, pero lo que tuvieron que sufrir las familias es tremendo.

Critica que tardaran tanto los reconocimientos del Gobierno foral.

–Faltó empatía y ponernos en la piel de lo que pasaron hijos o viudas. La placa en recuerdo a los fusilados se puso en 2016.

Incluye archivos QR que permiten la consulta digital.

–Mis libros tratan de ser un reportaje. Este puede ser interesante, entretenido... pero si puede verse el papel de donde saco una idea, es una labor completa. Creo que es una de las grandes aportaciones, que los documentos sean accesibles desde el libro y la web del Ayuntamiento de Corella. Son más de mil los que he empleado. 

“Tras el 18 de julio a dos heridos los tirotearon en sus propias camillas. Fueron los primeros muertos. Ninguno llegaba a los 25 años”

Aquella experiencia republicana quedó truncada y no se adivina la posibilidad de que regrese.

–El título del libro va un poco por ahí. Trato de retratar las ilusiones de tantas personas aquel 14 de abril en Corella. Era una sociedad despertando a la cultura y a la igualdad. Se daban clases para aprender a leer y de escribir por las noches...

¿Cuál fue el devenir de la II República en Corella?

–En la Ribera había muchísimo más analfabetismo que en el resto de Navarra. Llegaba casi al 40% en hombres y casi a la mitad de las mujeres. No se redujo el número de parados o se dio más trabajo a la gente. Una de las quejas constantes de los sindicatos era que había una gran marginación a los afiliados. En numerosos artículos se hablaba de que llegó a haber hambre con repetidas las peticiones al Ayuntamiento de creación de trabajo público. Prácticamente hasta 1936 no se tomó ninguna acción en ese sentido.

¿Qué más destaca de aquel lustro?

–El alcalde, Melitón Catalán, fue del partido de Azaña, pero creo que era tal el miedo que tenía, que constantemente puso cortapisas a la expresión de sentimientos republicanos por la calle, no permitió cierto tipo de músicas, ni gritar ‘viva Rusia’ o ‘viva el comunismo’, ni que cuando hubiese un triunfo en las urnas se celebrase en las calles. Todo por miedo a cómo le controlaban los concejales de las derechas.

Su sustituto fue fusilado en julio.

–Antonio Moreno López Negro, junto a algunos empleados municipales, labradores y un peluquero, que estaban en la cárcel de Corella. El nuevo alcalde, más de izquierdas, había sustituido en 1936 a Melitón Catalán.

Hoy estamos a cinco años del centenario de 1931. ¿Cómo deberíamos llegar a ese efeméride?

–Una vez que se abre una espita de algo es muy difícil cerrarla, como la de contar las pequeñas historias y lo que de verdad fue la República. Es muy difícil concienciarnos del logro que significó en muchísimos aspectos. Hoy está creciendo la ultraderecha, pero prefiero tirar al optimismo. Si las izquierdas se dan cuenta de que unidas, como pasó con el Frente Popular, se consigue más que separadas, todavía hay tiempo de que la tortilla no dé la vuelta. Aunque todo parece encaminado a que al derecha se vaya a hacer con el poder, aún hay tiempo.

“Mucha parte de la derechización que existe en la Ribera es heredera del miedo que se imprimió en el 36 con aquellas matanzas”

Fuera del libro, usted es corresponsal en la Ribera. ¿Cómo observa las distancias mentales entre esa Ribera y Pamplona y comarca?

–Creo que la que hay de Pamplona a Tudela es mucho mayor que la que existe de Tudela a Pamplona. A cualquiera de Pamplona le hablas de venir a Tudela y le parece un mundo. Esa sensación es la que la derecha ribera, Toquero por ejemplo, aprovecha para reivindicar la queja eterna y lloriqueo de que Pamplona nos olvida. Eso ha hecho mucho mal a la Ribera. Hay que romper el centralismo, pero no podemos encerrarnos en la idea de que no nos tienen en cuenta o no nos estiman. Y una cosa más...

Dígame.

–Mucha parte de la derechización que existe en la Ribera es herencia del miedo que se imprimió en la piel de aquellos riberos del año 36 con aquellas matanzas y represión.

¿Todavía?

–Sí, porque era la merindad más izquierdista, sindicalista y reivindicativa de todo Navarra y pasó a ser la más derechista y tradicional, digámoslo así. Mucho de eso viene del miedo que se inoculó en varias generaciones. 

¿Cómo saca horas para estos libros?

–(Se ríe). Usando mi tiempo libre para mi pasión, porque disfruto tanto sumergiéndome en documentos, que no lo puedo explicar. Para mí es como subir a un monte y darse cuenta de lo pequeño que es lo demás. Es viajar a otro momento, y eso me llena tanto que saco tiempo de donde sea.