Durante años, el debate ha estado sobre la mesa: ¿es mejor hacer cardio o entrenar fuerza? La realidad es que no hay un único ganador, porque ambos tipos de ejercicio ofrecen beneficios únicos que pueden adaptarse a distintos objetivos de salud y bienestar.

Lo ideal es combinar ejercicio cardiovascular y de fuerza en diferente sesiones. F.P.

El poder del entrenamiento de fuerza

El entrenamiento de fuerza dejó de ser exclusivo de atletas y culturistas para convertirse en un pilar de las rutinas saludables. Este tipo de actividad, que incluye desde levantar pesas hasta trabajar con el propio peso corporal, ofrece beneficios que van mucho más allá de lo estético.

Entre sus ventajas más destacadas se encuentran el aumento de masa muscular, que ayuda a quemar más calorías incluso en reposo; el fortalecimiento de los huesos, lo que previene problemas como la osteoporosis; y una mejor postura y movilidad, que reducen dolores crónicos y mejoran la calidad de vida.

Chico levanta pesas Pexels

Los beneficios del cardio

El ejercicio cardiovascular, como correr, nadar, caminar rápido o andar en bicicleta, sigue siendo fundamental para cuidar el corazón y los pulmones.

Pies sobre una cinta de correr Freepik

Además, el cardio regular ayuda a reducir el estrés y la ansiedad gracias a la liberación de endorfinas, facilita el control del peso corporal al quemar calorías durante la actividad y mejora el descanso nocturno, elevando los niveles de energía en el día a día.

El equilibrio como clave

La elección entre cardio y fuerza no debería verse como una competencia, sino como una cuestión de objetivos.

La evidencia científica es clara: la mejor rutina es aquella que combina fuerza y cardio. Esa combinación ayuda no solo a mantener un peso saludable, sino también a fortalecer músculos y huesos, mejorar el sistema cardiovascular y favorecer el bienestar mental. Aunque siempre puede depender de tus objetivos, edad, situación de salud...

Conclusión

El dilema de cardio contra fuerza no debería ser un enfrentamiento, sino una invitación a encontrar el balance que mejor funcione para cada persona. La clave está en adaptar el entrenamiento a tus objetivos, tu tiempo y tu estilo de vida.