El huevo, como bien se sabe, está compuesto por la clara y la yema. Un alimento del que, por supuesto, no hay que desperdiciar nada. Los especialistas de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) lo definen así: "Sabroso, barato y con unas propiedades nutricionales excelentes".

"Sabroso, barato y con unas propiedades nutricionales excelentes"

Y es que tanto la clara como la yema contienen una parte sustancial de proteínas de alto valor biológico. Se consideran así por la cantidad y equilibrio entre los aminoácidos que las componen, al extremo que son el estándar de referencia en los estudios de nutrición. La yema es "rica en grasas de la mejor calidad: el contenido conjunto de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados supera ampliamente al de grasa saturada. Aporta nutrientes de gran interés por sus efectos beneficiosos en la salud: ácido oleico, ácido linoleico, omega 3, colina, vitaminas, luteína y zeaxantina", añaden desde la OCU.

"Es la principal fuente que tenemos de colina, compuesto necesario para distintos procesos metabólicos, y la luteína y zeaxantina son carotenoides con acción antioxidante a los que se atribuye capacidad para prevenir la degeneración macular y enfermedades coronarias como el infarto cerebral", añaden

Lavar los huevos elimina su capa protectora y facilita su contaminación, según un estudio

Luisa Solano, profesora de Nutrición de la Universidad Europea de Madrid, advierte que lavar los huevos antes de guardarlos es una práctica común pero perjudicial, pues elimina la cutícula, una capa protectora que sella los poros de la cáscara e impide la entrada de microorganismos, por lo que el huevo queda expuesto a la contaminación.

En esa misma línea, la experta explica que deben limpiarse en seco o lavarse justo antes de su uso. Y no solo eso, la nutricionista apunta que lo mejor es guardarlos siempre en el frigorífico, por lo que conservarlos a temperatura ambiente es otro de los errores frecuentes.

Y hay más. Según indica, romper el huevo directamente sobre otros alimentos "puede favorecer la contaminación cruzada", por lo que es aconsejable cascarlo en un recipiente aparte antes de añadirlo a otras preparaciones. Asimismo, se debe mantener una estricta higiene de manos y utensilios, y es preferible preservar los huevos en su envase original, ya que "facilita la absorción de olores" y permite conservar la información de trazabilidad y fecha de consumo.

Aunque la fecha de consumo preferente es una guía, Solano ha señalado que es importante guiarse por los sentidos. "Un olor desagradable, una clara excesivamente líquida o una yema que se rompe con demasiada facilidad son señales inequívocas de que el huevo ya no es apto para el consumo y debe desecharse", detalla Luisa Solano.

En opinión de Solano, integrar estas sencillas prácticas en la rutina de cocina no solo previene riesgos innecesarios para la salud, sino que también asegura que se aprovechen al máximo las propiedades de uno de los alimentos más completos.