vivimos pendientes del reloj: para no llegar con retraso al trabajo, para no salir demasiado tarde de él, para que no se nos escape el autobús, para poder ver todo lo posible estas vacaciones, que duran muy poco para todo lo que queremos hacer... Pero vivir pendiente de las dos manecillas tiene efectos en otro tipo de relojes, que son precisamente a los que menos atención prestamos y los que más pueden influirnos: los que tiene nuestro cuerpo.
Lo sabe bien Juan Antonio Madrid, profesor y doctor en Fisiología, e investigador en el Laboratorio de Cronobiología de Murcia. ¿Y qué es la cronobiología? "Es una ciencia relativamente nueva", explica Madrid, "que estudia los ritmos biológicos y analiza como cambian las funciones del organismo a lo largo del día y la noche". Aunque no es muy conocida, la cronobiología lleva estudiándose cerca de 50 años, y es ahora cuando se empiezan a implantar algunas de las conclusiones de sus estudios, como la de medir la presión arterial teniendo en cuenta sus ritmos biológicos". Y es que el campo de estudio de esta ciencia es muy amplio: "analizamos el sueño, la vigilia, los ritmos de hormonas, el cambio de la fuerza muscular, el estado del humor a lo largo del día, los efectos de los medicamentos según las horas en las que se administren..." enumera Madrid.
en hora
El reloj circadiano
Dentro de los estudios, hay un elemento que es el más observados: el reloj circadiano. Se conoce así al reloj biológico que tiene un margen de 24 horas, que es "el que controla el sueño, y el más influyente en nuestra vida", apunta el profesor. Desgraciadamente, el equilibrio de este marcador es demasiado frágil: "Es el que más fácilmente se altera y el que más se destruye conforme vamos envejeciendo", explica el doctor. Los ritmos biológicos dependen de dos cosas: "los relojes internos de nuestro cuerpo, que organizan todo siguiendo un ritmo de 24 horas, pero hace falta que lo pongan en hora cada día, porque se desajusta muy fácilmente. Por desgracia no podemos modificarlo, pero sí actuar sobre los mecanismos que le dan cuerda". Esos mecanismos a los que se refiere Madrid son los denominados sincronizadores, que ponen en hora a ese director de orquesta que se encarga de que nuestro organismo funcione correctamente. Hay algunos que no se pueden controlar, pero otros se pueden modificar para que todo marche bien. Sin embargo, el estilo de vida actual sintetiza todo aquello que se debería evitar para que el cuerpo funcione a toda máquina.
Los horarios de trabajo a los que está sometida la población afectan mucho al reloj circadiano, sobretodo los que son a turnos. Y es que las rutinas son buenas para el cuerpo, que acusa los cambios de horarios como los habituales en los fines de semana, cuando se trasnocha. Aunque, como reconoce Madrid "no se trata de no salir, pero hay que aplicar el sentido común y no pasarse". De la misma forma, el ejercicio diario supone otra ayuda más para ponerse en hora. Como también sirve de sustitutivo para no medicarse en exceso: "una actividad física moderada es una terapia estupenda. Pero nos cuesta mucho realizarla y además es gratuita. Y siempre tenemos la sensación de que el comprimido o pastilla que nos mandan es más fácil de aplicar y más eficaz". Pero eso no tiene porque ser así, sobretodo en casos de hipertensión o diabetes.
sabiduría popular
Los consejos de la abuela
"Los elementos que más ponen en hora el reloj son los que más se atenúan en las sociedades de hoy en día", cuenta Madrid. Y es que parece un empeño en ir contra la naturaleza que, al final, pasa factura: "Calefactamos mucho en invierno, enfriamos mucho en verano, nos mantenemos en ambientes muy poco iluminados durante el día (oficinas y centros de trabajo) y, en cambio, iluminamos la noche artificialmente". La luz es uno de los factores que más influyen, sobretodo en el estado de ánimo: "Muchas depresiones están relacionadas con la falta de luz, como ocurre en algunos países del norte de Europa", añade el profesor.
Todo estos hábitos, "cuatro o cinco líneas que no cuesta tanto seguir", forman parte de la sabiduría popular. "Ya lo decían los consejos de la abuela, como que De grandes cenas están las sepulturas llenas". Algo que se conoce, pero no se aplica. ¿El problema? Los hábitos de una sociedad demasiado sedentaria. Y eso que hay que empezar a seguir estas líneas de joven, sobre todo si, como es cada vez más habitual , se quiere llegar, y bien, a la mágica cifra de los 100 años.