Pamplona. En la actualidad la diferencia entre los países del norte y del sur es abismal. Entre los Objetivos del Milenio se encuentra la reducción de estas diferencias mediante la cooperación para el desarrollo. José Antonio Sanhuja, director del departamento de Desarrollo y Cooperación del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI) es una eminencia en el tema y por ello, ofreció ayer una conferencia en la UPNA bajo el título Entre Washington, Westfalia y Cosmópolis: principios, reglas e instituciones en la cooperación para el desarrollo.

La cooperación para el desarrollo parece ser clave en el mundo en el que vivimos, pero ¿en qué situación se encuentra hoy en día?

Está presente una difícil combinación de lógicas que no responde a un sistema racional. Hay una difícil coexistencia de tres lógicas: una que yo he llamado Westfalia, la de Washington, y por último Cosmópolis. La corriente de Westfalia nos ayuda a entender por qué los estados añaden a la ayuda intereses nacionales de seguridad y comerciales, ya que no hay normas de derecho internacional. La segunda lógica es la de mercado, la de Washington, en la que la asignación de recursos no debe depender de decisiones políticas sino que el mercado se basa en función de la rentabilidad y él debe regular las relaciones internacionales. Aquí encontramos un gran peso del capital privado y se piensa que la ayuda debe servir no para luchar contra la pobreza sino para disciplinar a los gobiernos de los países en vías de desarrollo y que adopten políticas de apertura de mercado. Frente a esas dos lógicas hay quienes abogamos por una Cosmópolis, un sistema de gobernanza global legítimo, eficaz y representativo que permita asignar los recursos en función de necesidades de desarrollo. Requeriría instituciones y reglas internacionales más fuertes.

Y en este panorama, ¿quiénes han influido?

Los medios de comunicación juegan un papel clave. Existe el problema del nacionalismo metodológico, la tendencia de todo el mundo a ver los problemas globales como algo nacional, lo que impide una correcta compresión de estos. A esto contribuye la tendencia de los medios a presentar con una lógica local problemas que son globales, impidiendo que la opinión pública comprenda las conexiones globales que tiene aquello que les afecta.

Pero algo positivo aportarán los medio de comunicación.

Sí, por supuesto. Nos han ayudado a crear Cosmópolis. La idea de que tenemos obligaciones con nuestros semejantes más allá de las fronteras la hemos adquirido gracias a los medios, que nos han enseñado el sufrimiento en otras zonas y nos han llevado a la empatía.

¿Y mostrar la crudeza no podría presentar problemas deontológicos?

Su código les tiene que llevar a no autocensurarse y reaccionar ante la gravedad de los problemas. No debería condicionarse la oferta por eso.

Por ellos hemos conocido numerosos proyectos, pero también ataques a cooperantes. ¿A qué se deben?

Los ataques son una manifestación del problema de la securitización de la ayuda. En la guerra contra el terrorismo los ejércitos han reelaborado los manuales de guerra y el estadounidense, por ejemplo, señala que ya no tienen que ser sólo warriors (guerreros), sino también Nation Builders (constructores de naciones) y por lo tanto se asume que para ganar las guerras contra insurgentes no sólo hay que combatir, sino que hay que hacer desarrollo y ganarse los corazones y las mentes de la población civil. Ello ha llevado a que los ejércitos asuman papeles de las ONG y ayuden al desarrollo. La consecuencia es que hace borrosa la distinción entre los ejércitos en combate y las ONG, que han de ser imparciales, y son percibidas por parte de las insurgencia como enemigas. Hemos visto una tendencia preocupante en los últimos años con ataques, secuestros y asesinatos. Los ejércitos occidentales no están respetando la imparcialidad de los actores humanitarios.

¿Pero la ayuda de los ejércitos para reconstruir el país y fomentar su desarrollo no es beneficiosa?

No. Esa labor, por definición, es de los cooperantes. Los militares tienen que mantener la seguridad, según se estableció en los convenios de Ginebra: una fuerza en combate nunca es un actor humanitario imparcial. Su incumplimiento significa cooperantes asesinados, pero también que la población civil sea atacada y no se respete el derecho internacional.

Y estos ataques, ¿qué implican?

A lo primero que llevan es a que las ONGs se retiren del país y no vayan a otros muchos. Cruz Roja, que por los convenios de Ginebra puede acudir a cualquier conflicto, pudo estar operando y ayudando en Afganistán y ser aceptado por todas las partes durante más de 30 años, pero ahora ya no puede estar.

Además, el voluntariado también tiene problemas, sobre todo ahora con la crisis, ¿no?

Sí, se están reduciendo las donaciones. Los gobiernos alegan compromisos presupuestarios y que tienen prioridades. Se han oído comentarios de políticos que dicen que no se puede dar ayuda internacional mientras haya un solo parado en España. Actualmente damos un 0,4% del PIB para la ayuda al desarrollo y un euro más gastado en protección social en España genera un efecto de bienestar, pero ese mismo euro gastado en ayudar al desarrollo se nota mucho más, es mucho más eficaz.

En el terreno, ¿la presencia de varias ONG puede ser un problema?

Yo he trabajado en varios países y he visto cosas llamativas, como que varias ONG compitan entre sí. Hay varias en un mismo barrio de Lima y no se sientan a compartir información, para contarse lo que están haciendo. Hay mucho que mejorar en materia de coordinación.

¿Y qué ocurre en África?

Es la región que más depende de la ayuda externa, ya que las remesas de los emigrantes no suponen ingresos y el capital privado no invierte. Por tanto es mucho más importante hacer la ayuda bien dado que es donde más se concentra la pobreza.

¿No puede ser que las instituciones del país no ayuden demasiado?

Las malas políticas no son un accidente sino un grado constituyente de estos países. Para supera el dilema tenemos que considerar que el fortalecimiento institucional no es un condicionamiento de la ayuda sino un objetivo. Si se gestionan proyectos fuera de los ministerios se debilitan los gobiernos.

¿Y eso cómo se consigue?

En vez de dar la ayuda con proyectos, utilizamos el apoyo presupuestario. Se crean instituciones de fiscalización y control. El apoyo de los donantes externos para la creación de esas instituciones puede ser más efectivo que la creación de más escuelas o pozos.