pamplona. Pacientes y trabajadores del centro hospitalario, que manifestaron sus quejas a sindicatos como ELA y LAB, expresaron su frustración por el arranque del nuevo servicio de alimentación. Este corresponde desde ayer a la empresa Mediterránea de Catering, adjudicataria del contrato, que supone una centralización, externalización y renovación tecnológica. El modelo asumido es el de producción, emplatado y distribución en la llamada cadena fría frente al anterior de producción en caliente. Este sistema implica elaborar las comidas de forma tradicional para, inmediatamente después, refrigerarlas hasta una temperatura de tres grados centígrados mediante un abatidor de temperatura en un tiempo inferior a dos horas. Los alimentos, que se pueden almacenar en cámaras frigoríficas hasta un máximo de cinco días, se emplatan en frío y se colocan en bandejas individualizadas para después distribuirse en carros de calentamiento que se mantienen a una temperatura de tres grados hasta la hora de cada servicio. Previamente a la hora de la ingesta, se calientan las comidas en los propios carros.

fallos Este engranaje, sin embargo, falló ayer. Ante la falta del listado con los enfermos y las dietas, los trabajadores tuvieron que echar mano de listados antiguos, lo que ocasionó retrasos en el emplatado. Además, el desconocimiento del centro hospitalario por parte de los pinches contratados por la empresa provocó que muchos de los carros no acaban en las plantas adecuadas, así que se dio la circunstancia de que en algunas no había carros y en otras había más de los que correspondían, con lo que había pacientes sin dietas. Todo ello se tradujo en unos considerables retrasos en los desayunos y comidas. Así, en el primero de los casos, estos debían servirse a partir de las ocho y media de la mañana, pero más de una hora después había pacientes que todavía no habían desayunado. Además en las bandejas se detectaban deficiencias como la inexistencia de platillos, servilletas o sacarina. La comida también sufrió demoras y si los enfermos habían podido comer el domingo, último día de aplicación del sistema antiguo, desde la una del mediodía, ayer pasadas las dos y media aún no habían probado bocado.

"Mi padre ha tenido que salir del hospital para ir a la cafetería a comprar la comida para mi madre, que tiene 82 años. Para las personas mayores estos retrasos son muy perjudiciales. No hablamos del comedor de un fábrica, donde los trabajadores son personas sanas, sino de enfermos y algunos de mucha edad", explicaba el hijo de la enferma. "Podría pensarse que se puede dar un margen porque la cocina nueva empezaba hoy, pero este tipo de errores no son admisibles cuando hablamos de pacientes y de dietas terapéuticas", expuso.

En este sentido, el retraso en las comidas puede ser especialmente perjudicial para los diabéticos ingresados, ya que con algunos tipos de insulina el pinchazo depende la hora de ingesta de alimentos.

Los problemas de rodaje de la nueva cocina también tuvieron consecuencias en los trabajadores, que vieron alteradas sus rutinas de trabajo. La manipulación de las bandejas provocó quemaduras a auxiliares de enfermería al carecer de guantes de protección térmica. La alta temperatura causó problemas también a los niños ingresados. Además, funciones asumidas antes por el personal de cocinas lo fueron ayer por otros colectivos como los celadores, lo que originó peticiones de los sindicatos para que la contrata se haga cargo del proceso que le corresponde al completo.