Pamplona - La comunidad gitana, compuesta en Navarra por casi 8.000 personas, reclamó que los prejuicios y el estigma social que sufren sean superados. Desde la Fundación Secretariado Gitano apostaron por visibilizar los prejuicios que existen hacia ellos y propiciar así la denuncia ante cualquier tipo de discriminación ya que, aseguraron, están tan acostumbrados a vivir con estas situaciones que en muchos casos lo consideran algo natural.
Javier Lorente, educador social de la fundación y profesor de Música, denunció que buena parte de ellos todavía viven en situaciones de desigualdad y falta de oportunidades en el empleo, la educación o la vivienda y que no solo no se corrigen, sino que se perpetúan. Según el Eurobarómetro del 2015 sobre la discriminación, el 46% de las personas no se sentirían cómodos al tener a un compañero de trabajo gitano, un porcentaje que crece hasta el 55% entre aquellos que no se sentirían cómodos si su hijo tuviera una relación afectiva con un gitano. “La mayor parte de las personas discriminadas tienen asimilado el rechazo en su vida cotidiana como algo normal, piensan que el sistema no va a darles una respuesta inmediata de protección y garantía”, apuntó subrayando que son invisibles para las autoridades.
La delegada territorial de la fundación en Navarra, Inés García, apuntó que el trabajo es la mayor demanda de las personas que acuden a ellos en búsqueda de ayuda, una realidad que, comentó, ataca de forma directa a uno de los prejuicios más habituales que existen contra ellos: que los gitanos son vagos y no quieren trabajar. Precisamente este rechazo por parte de la sociedad crean en los propios gitanos sentimientos de miedo al rechazo, aseguró criticando que se les enjuicie por relacionarse más entre ellos cuando son víctimas del desprecio social.
Por su parte, la trabajadora social de la fundación, Lorena Jiménez, destacó la necesidad de visibilizar la discriminación que sufren para reclamar una mayor atención de las administraciones públicas y de los agentes sociales y jurídicos, así como para reivindicar la aplicación eficaz de la legislación en esta materia. “La discriminación puede llegar a ser un delito, por eso la lucha contra estas conductas debería ser una prioridad de las políticas publicas” reclamó García con la convicción de que la igualdad real de los ciudadanos gitanos y gitanas es aún un reto pendiente. “Avanzar en esta materia mejorará la salud democrática de toda la sociedad y la hará más digna y justa”, reivindicó reclamando que se apliquen a este fin medidas concretas y presupuestos razonables.
Por ello propusieron, entre otras medidas, la aprobación de una ley integral de igualdad para abordar los actos discriminatorios que no constituyen un delito, incluyendo medidas preventivas, sensibilizadoras y sancionadoras. Así mismo, abogaron por la creación de un organismo de igualdad independiente y que asuma todas las competencias y responsabilidades que establece la normativa europea. Así mismo, apostaron por incluir la materia de igualdad y no discriminación en los programas formativos curriculares de los profesionales claves en esta materia tales como policías, abogados o jueces e impulsar la actuación de las fiscalías provinciales ante los delitos de odio.
El tatuaje que más duele Esta campaña, que se está realizando a nivel estatal, nació de la acción de protesta de Amanda Silva, una joven gitana de 20 años que el pasado 16 de noviembre, Día Internacional para la Tolerancia, se tatuó en su brazo al frase “soy gitana y no soy de fiar”. Así hizo visible esa marca y sus consecuencias a través de algo doloroso y permanente como es el tatuaje, ya que los estigmas comparten ambas características.
Dejando este mensaje marcado sobre su piel aseguró que buscaba visibilizar los prejuicios que sufren en su día a día y hacer reflexionar a la gente sobre ello. “Muchas veces voy a comprar y siento cómo a me persiguen solo por el hecho de ser gitana, como si yo me fuese a llevar algo”, ejemplificó aludiendo también a que la situación se repite en otros lugares como el metro, donde es consciente de cómo las personas a su alrededor cierran sus bolsos para evitar que les robe. Esto, reconoció, se convierte para ella en una barrera a la hora de relacionarse con el resto de personas, ya que considera que el resto no quieren tener nada que ver con los gitanos.
El reto era que al menos 10 millones de personas utilizasen el hashtag #eltatuajequemasduele para convertir el prejuicio en algo positivo. Tan solo el día de la campaña se contabilizaron 26 millones de personas en Twitter, una cifra que aumentó hasta los 35 millones de usuarios únicos, más de 9.000 tuits y 45 millones de impactos.Los medios de comunicación navarros se sumaron a esta iniciativa, tatuándose varios periodistas de manera simbólica un prejuicio y fotografiándose con él. Además, se elaboraron manteles individuales con la imagen de la campaña gracias a la financiación de la Universidad Pública de Navarra que serán utilizados en su comedor y en distintos restaurantes de la Comarca de Pamplona.