La verdadera ilusión de la mañana de Reyes no estuvo aguardando durante la noche a los pies del árbol, y no fueron Melchor, Gaspar ni Baltasar los encargados de traerla. Para dar con ella, los más valientes han afrontado el frío, vestido sus mejores bufandas y salido a la calle a dar las primeras pisadas esponjosas del año. Navarra ha amanecido pintada de blanco en la mañana más mágica de las Navidades. Haciendo memoria, es difícil recordar cuándo nevó por última vez en el día de Reyes. Ha sido un despertar, sin duda, único.

A Nico y Lorena se les han amontonado las tareas. Por lo general, el cometido más urgente del 6 de enero es correr hacia el árbol para abrir cuanto antes los regalos que Sus Majestades han traído. Sin embargo, este año, la nieve se ha entrometido en la rutina del último día de Navidad. Las prisas explican que Nico estuviera jugando con la camiseta del revés y la etiqueta asomando por el cuello. “¡Claro! Se ha vestido corriendo para bajar a jugar y ni se ha dado cuenta”, bromeaba su madre, Lorena.

Según contaba, ella ha sido la primera en percatarse de la nieve. “He escuchado ruido en la ventana y creía que estaba lloviendo, pero cuando he levantado la persiana, he visto que estaba todo blanco”, relataba. Tras jugar durante un rato a hacer un muñeco de nieve para después destruirlo –”el que lo hace lo rompe”, defendía Nico–, Lorena ha hecho de guardameta y el pequeño ha lanzado unos tiros a la portería. La intención de madre e hijo era, en un principio, acercarse a unas cuestas empinadas de Sarriguren para tirarse en trineo, pero “no ha nevado tanto como en noviembre, así que no nos hemos tirado”, han contado.

A pesar del poco espesor de blanco de las colinas de Sarriguren, Aiane e Itsaso sí han dado uso a su trineo. “No había mucha nieve, pero ya que hemos venido, nos tiramos”, ha explicado Fernando, padre de las niñas. El ajetreo ha empezado algo antes para esta familia. Y es que ellos casi vieron la nieve llegar a Navarra porque a una de las pequeñas le han invadido los nervios y se ha desvelado, nada más y nada menos, que a eso de las tres de la madrugada. “¡Es que venían los Reyes!”, se justificaba. Por suerte, cuando llegaron a su casa cargados de regalos, ella ya estaba dormida y no hubo interferencias a la hora de dejar los presentes bajo el pino.

Como pasaron una noche “movidita”, todos se han levantado tarde, con menos apremio, pero igual ilusión. El despertar fue también más pausado en casa de Asier y Hugo. Según ha revelado su padre, ellos desayunaron “tranquilamente y en familia”. Aun así, para ellos la nevada también ha sido la principal protagonista del día y los niños han dejado sin estrenar algunos de los regalos para correr a hacer “una bola de nieve gigante”.

Itsaso y Aiane, dos hermanas de Sarriguren, jugando con un trineo que remolca su padre, Fernando, en una plaza con nieve. Iñaki Porto

Mucha infancia y poca tecnología

La tecnología caracteriza, sin lugar a dudas, la infancia de las últimas generaciones de niños. Las quedadas en los parques han sido reemplazados por tardes de videoconsola, y las pantallas han invadido los planes y la socialización de los más pequeños. Sin embargo, la nevada ha devuleto la niñez y la inocencia a las plazas de Navarra. Poco espacio han dejado las carcajadas, las bolas y los muñecos de nieve de esta mañana para teléfonos móviles y redes sociales.

De hecho, esta misma dinámica libre de tecnologías se ha podido percibir también entre los regalos que recibieron los txikis de Sarriguren. A Fayna e Iraia, dos niñas que se han encargado de asegurarse que su padre llegase empapado a casa tras una exhaustiva guerra de bolas de nieve, los Reyes Magos les trajeron bufandas y orejeras para resguardarse del frío, unos libros, unos rotuladores y una máquina de pegatinas. 

Hugo y Asier han recibido un juego de Playmobil y una estructura de madera para montar en familia. Mientras, Itsaso y Aiane han encontrado debajo del árbol unos rotuladores “especiales” y un libro en forma de puzzle inspirado en la película de Frozen, que encajaba a la perfección con la estampa de la nevada mañana de Reyes. Aunque quizás se tratase de unos regalos más a la vieja usanza, todos los hermanos compartían una gran ilusión por ellos.

Mientras tanto, Nico recibió un jersey y una pantaloneta. Pero como no todo podía tratarse de practicidad porque, al final, los niños no dejan de ser niños, Sus Majestades también le regalaron un juego de skate. A su padre, que no disfrutó de la nieve porque se encontraba “regular”, le regalaron desde Oriente un juego de Sakamata, unos peces para utilizar de cebo en las salidas de pesca. Parece que el espíritu navideño y las ganas de abrir regalos más ocurrentes en Reyes no son algo pasajero ni exclusivo de la infancia.

Ahora, vuelve el ajetreo. La calma, las reuniones, las sobremesas interminables y las excusas para no poner un pie en casa llegan a su fin, mientras la vida vuelve a la normalidad. Los más pequeños pronto estarán en el colegio otra vez, los jóvenes vuelven a clase para afrontar los exámenes y los adultos regresan a la exigencia de sus quehaceres cotidianos. El espíritu cálido y acogedor que caracteriza a la época más mágica del año se desvanece, aunque esta vez se despide dejando la ciudad llena de muñecos de nieve en cada esquina que aguardan a que salga el sol para desaparecer hasta la próxima nevada.