Noáin, una explosión sin respuestas
Un año después de que se produjera el siniestro, los vecinos afectados permanecen fuera de sus casas, que siguen inhabitables, mientras aumenta la crispación por la falta de respuestas claras y del apoyo por parte de las instituciones
El 13 de enero de 2025, con la resaca de las celebraciones navideñas, sonó el silencio, una explosión de gas -precedida por dos avisos- y un desastre entre los portales 20 a 30 de la calle Concejo de Zabalegui de Noáin. Allí, nueve personas resultaron heridas, 48 viviendas fueron desalojadas y 170 vecinos quedaron a la espera de una solución que no llegaba. Durante las primeras horas, los cuerpos de seguridad trataron de actuar de manera rápida para que todos los afectados estuvieran fuera de sus casas. Pero ya había oscurecido y enero no perdonaba con el frío. Se tuvo que actuar muy rápido para que todas las familias, que no iban más que con lo puesto, pudieran resguardarse de las bajas temperaturas. Así, entre las 18.00 y las 21.00 horas se habilitó el centro cívico con bebidas calientes y mantas mientras que se garantizaba que todos pudieran pasar noche resguardados en hoteles -Ibis, Zenit, Cordovilla y Villava, los que se prestaron- o en las casas de familiares y amigos.
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Mientras tanto, también se buscaron los puntos de fuga en las instalaciones con el fin de solventar las posibles anomalías existentes y poder garantizar la seguridad del vecindario. Pero todavía no hay una causa de por qué ocurrió este desastre. Por eso, tras unos días como nómadas -a tan solo unos pocos metros de sus casas y de su vida y, sin embargo, con una nueva historia a la que hacer frente- los afectados tuvieron que encontrar soluciones temporales.
Se peleaban con los seguros, que no les daban respuestas satisfactorias, sobrevivían gracias a la empatía de sus familiares y amigos y, en los peores casos, tuvieron que comenzar en un hogar que no era el suyo porque sabían que la vuelta a casa iba para largo. Dicho de otra manera, “tenían que seguir pagando su hipoteca y los suministros a la vez que hacer frente a alquileres y recuperar sus objetos personales”, expone Luis Maya, actual alcalde de Noáin. Además, añade, estas complicaciones económicas se agravan como consecuencia de los “años de inestabilidad y crisis” que han azotado al Estado y que “han provocado ERTE o bajadas de empleo”
Y el proceso se alargó más de la cuenta. Durante los primeros meses la agonía fue total. Todo desinformación, tristeza e impotencia porque había muchas promesas, pero nadie hacia nada y tampoco nadie explicaba qué había desencadenado aquel siniestro. Pero ya habían pasado varios meses y las casas seguían hechas añicos. Además, las estimaciones de regreso a sus hogares eran desoladoras -entre dos meses y dos años-, los entramados burocráticos se ponían cada vez más difíciles -muchos se encuentran en procesos judiciales debido a la falta de respuesta y la ineficacia- y los ánimos estaban cada vez más crispados.
¿Qué falló en Noáin? Una explosión de gas precedida por dos avisos
De esta forma, un año después de aquella catástrofe, el tiempo parece estar detenido en la calle Concejo de Zabalegui. Porque el escenario es el mismo y muy pocos han podido volver. Los portales 22 y 24 tienen que derruirse porque la explosión afectó a la estructura y ocho viviendas se encuentran en estado de ruina.
Promesas que no valen nada
En las primeras semanas, el Gobierno de Navarra manifestó su apoyo a los afectados de la zona 0, pero, hasta el momento, no se ha recibido ningún tipo de ayuda económica. “Nos hemos tratado de poner tres veces en contacto con el gabinete de María Chivite para que cumpla con lo que dijo en la semana de la explosión y que ponga a disposición de los vecinos todos los recursos y todas las partidas presupuestarias que habían prometido”, reclama Maya.
En especial, porque hasta que no se descubra cuál es el hecho causante del siniestro, los afectados no podrán recibir toda la compensación económica por parte de los seguros. “Que venga, se junte con nosotros y que nos digan que vamos a tener una partida para que los vecinos administren como quieran, pero que cumpla porque el Ejecutivo foral tiene que estar a la altura y la presidenta de Navarra debe hacer efectiva esa ayuda para afrontar el 2026 con unas garantías de solvencia que no tuvieron en todo el año pasado”, añade.
Entre el olvido y el recuerdo
A la explosión le precedieron dos avisos -uno, por la mañana, y otro, minutos antes del siniestro- causados por la formación de una bolsa de gas que se quedó embalsamada debajo de los domicilios. El equipo de Bomberos, junto con los agentes de la Policía Municipal de Noáin y Valle de Elorz y un servicio de mantenimiento de gas realizaron las prospecciones pertinentes en busca de una fuga que no encontraron. Acto seguido, se realizó una revisión de todas las alcantarillas y parece, al girar una de las tapas, la fricción hizo que saltara una pequeña chispa y que se activara la bolsa de gas. Y las consecuencias de aquello constituyen una historia que marcó la vida de muchos. “A pesar de todo, lo que ocurrió aquel 13 de enero fue un milagro”, expresa Ramón Gracia Baztán, policía municipal del cuerpo que estuvo durante la explosión.
Estaban dando orden de lo ocurrido durante los preavisos cuando, desde la cristalera de la oficina de la Policía Municipal, se vio una seta de humo negro y los agentes se temieron lo peor. “Salimos corriendo, llamamos a SOS Navarra y pedimos ambulancias porque imaginábamos que habría muchos heridos”, relata. Llegaron a la zona 0 - a lo lejos, ya se veían las llamas de cuatro metros- y todo “parecía un campo de guerra”. Además del fuego, los tabiques de doce viviendas estaban “completamente destruidos” y había dos personas tumbadas en el suelo: “No sabíamos por dónde empezar”, reconoce. Pero en todo este trágico recuerdo queda la debilidad humana ante los sistemas, las máquinas y los desaciertos de la cotidianidad. “Por suerte, hubo mucha solidaridad, mucha empatía y se ayudó para que la explosión no fuera más grave. Pero en esos momentos te das cuenta de que debemos darle mucho más valor a la vida, a las pequeñas cosas, a lo ordinario”.
Mientras, las viviendas siguen dañadas, las respuestas no llegan y muchos vecinos continúan fuera de sus casas, atrapados en una espera angustiosa, pero rutinaria. Y entre promesas incumplidas y recuerdos que no se borran, la explosión de aquel 13 de enero de 2025 sigue presente con cada día que pasa. Pero sin una solución.
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