Decenas de personas se han manifestado este sábado en Zizur Mayor para denunciar las grabaciones que un profesor realizó a 42 mujeres y por las que ha sido condenado a 180 años de cárcel.

La Sección Primera de la Audiencia de Navarra ha condenado a un total de 180 años y 9 meses de prisión al profesor del IES de Zizur que grabó a 42 mujeres en baños del centro, así como en probadores de establecimientos comerciales, de los que cumplirá un máximo de 15 años.

El condenado ha sido considerado autor, en total, de una cuarentena de delitos contra la intimidad, delitos continuados contra la intimidad, delitos de posesión de pornografía infantil y delitos de elaboración de pornografía infantil.

Para denunciar las acciones del profesor, los manifestantes han ido desde el instituto hasta el Ayuntamiento de Zizur Mayor.

Han portado una pancarta en la que se podía leer 'Juntas. Sin miedo'.

Además, durante la marcha han pronunciado la frase "Ningún ataque sin respuesta".

El Movimiento Feminista de Zizur ha indicado que el objetivo de la movilización es "denunciar los hechos y reivindicar espacios seguros, así como mostrar apoyo y solidaridad con las personas afectadas".

En una nota de prensa, el movimiento asegura que el caso del profesor "no es uno aislado", ya que la violencia machista "se basa en relaciones de poder y en el silencio".

"Precisamente por eso estamos aquí. No estamos dispuestas a quedarnos calladas, no queremos seguir viviendo con miedo y no estamos solas. Gracias al trabajo del movimiento feminista durante años, hoy sabemos identificar estas situaciones y hacerles frente juntas", subraya el texto.

Agrega que la violencia machista "no surge de la nada; forma parte de toda una estructura".

"Desde pequeñas nos enseñan quién manda, quién debe callar, quién debe tener miedo y quién tiene derecho a atravesar los cuerpos y los espacios de las demás. La violencia puede adoptar nuevas formas, pero su base es siempre la misma: el control sobre la mitad de la sociedad y la imposición del poder mediante la violencia", recalca.

Por ese motivo, se afirma que la respuesta "debe ser colectiva".

"Estamos enfadadas y hartas, porque nos quitan nuestros espacios, vulneran nuestra intimidad, intentan controlar nuestros cuerpos y, sobre todo, porque quienes nos agreden también forman parte de nuestro entorno", se señala en el texto.

Se recalca que las escuelas "deben ser espacios seguros, lugares seguros para aprender, crecer y vivir"; "no lugares donde se aprenda el miedo, ni instituciones que impongan el silencio".

"Hace tiempo que entendimos que las personas agredidas no son culpables, nunca lo son. Por eso es tan importante intervenir en la educación, tanto formal como informal, desde edades tempranas, y también en las familias, entre amistades, en la calle, en las redes sociales y en los medios de comunicación. Toda la sociedad tiene responsabilidad en esto", se detalla.

Se añade que el sistema judicial "muchas veces" no protege a las mujeres "porque forma parte del mismo sistema que las agrede".

"Por eso luchamos por una justicia feminista que, en lugar de basarse en el castigo y las cárceles, busque reparar realmente el daño causado, garantizar que no se repita y transformar las condiciones que lo han hecho posible", se asevera.

"Para ello, es necesario escuchar, creer y poner en el centro a las víctimas, situando sus necesidades en el eje y evitando la revictimización", continúa el texto.