Los ultraprocesados forman parte del día a día de muchas personas. Bollería, snacks, refrescos, platos preparados o productos aparentemente “ligeros” se han convertido en habituales en la alimentación moderna. Sin embargo, consumir este tipo de alimentos de forma diaria puede tener importantes consecuencias para la salud, tal y como explica el nutricionista Javier Fernández Ligero (@nutriligero).

Un impacto directo sobre la glucosa

Uno de los principales efectos de los ultraprocesados es la alteración de los niveles de glucosa en sangre. Este tipo de productos suele contener harinas refinadas, azúcares añadidos y grasas de baja calidad que generan picos glucémicos rápidos.

Cuando la glucosa sube y baja de manera constante, el organismo entra en un estado de desregulación metabólica que favorece la inflamación y dificulta el correcto funcionamiento del cuerpo.

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La redacción de DIARIO DE NOTICIAS seleccionará las preguntas de los lectores que se publicarán en noticiasdenavarra.com, siempre acompañadas de la respuesta del nutricionista.

Más triglicéridos y grasa visceral

El consumo continuado de ultraprocesados también influye en parámetros como los triglicéridos o el colesterol LDL, conocido popularmente como “colesterol malo”. A largo plazo, este desequilibrio puede aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares y metabólicos.

Además, favorece la acumulación de grasa visceral, la que se concentra alrededor de los órganos y está especialmente relacionada con enfermedades como la diabetes tipo 2 o el síndrome metabólico.

Mucha caloría, poca saciedad

Aunque suelen ser alimentos muy calóricos, los ultraprocesados tienen una baja capacidad saciante. Esto provoca que el cuerpo vuelva a pedir comida poco tiempo después de haber comido.

El resultado es un círculo de hambre constante y picoteo continuo que lleva a realizar múltiples ingestas poco nutritivas a lo largo del día. Según explica el especialista, este patrón acaba afectando al metabolismo y dificulta mantener un peso saludable.

Cómo afectan a la energía y al bienestar

Más allá del peso, una dieta basada en ultraprocesados puede influir en el nivel de energía diario. Muchas personas experimentan cansancio, sensación de pesadez o falta de concentración debido a las continuas subidas y bajadas de glucosa.

También pueden aparecer problemas digestivos, hinchazón o peor calidad del descanso, ya que el organismo trabaja de forma más forzada para gestionar este tipo de alimentos.

La importancia de volver a los alimentos reales

Frente a este escenario, Javier Fernández Ligero insiste en la necesidad de priorizar alimentos frescos y poco procesados. Verduras, frutas, huevos, pescados, carnes, frutos secos o legumbres aportan nutrientes de calidad y ayudan a mantener una mayor saciedad y estabilidad metabólica.

No se trata de prohibir completamente los ultraprocesados, sino de evitar que se conviertan en la base habitual de la alimentación.

Un problema ligado al estilo de vida actual

El nutricionista recuerda que el auge de los ultraprocesados está muy relacionado con el ritmo de vida actual, marcado por la falta de tiempo y la búsqueda de comodidad. Sin embargo, mantener este tipo de alimentación durante años puede acabar pasando factura.

Como conclusión, Javier Fernández Ligero subraya que el cuerpo nota rápidamente cuando la alimentación se basa en ultraprocesados: aumenta la inflamación, empeora la salud metabólica y se pierde la sensación real de saciedad.