Hay entrenadores que dejan huella por los títulos y otros que lo hacen por transformar la identidad de un equipo. En muy pocos casos coinciden ambas cosas. La irrupción de Iñigo Pérez en el panorama europeo recuenrda inevitablemente al camino que recorrió José Luis Mendilibar apenas dos años antes. Dos técnicos con pasado en Osasuna, uno como jugador y otro como entrenador, dos discursos alejados del artificio y una misma sensación: la de haber convertido clubes sin etiqueta de gigante europeo en proyectos capaces de competir contra cualquiera.
El pase del Rayo Vallecano a la final de la UEFA Europa Conference League tras eliminar al Estrasburgo ha disparado las comparaciones. El conjunto madrileño venció 0-1 en Francia, también ganó la ida en Vallecas, y selló una clasificación histórica que le permitirá disputar la primera final continental de su historia ante el Crystal Palace. La dimensión de lo conseguido por Iñigo Pérez no se entiende únicamente desde el resultado. El Rayo volvió a competir desde la valentía, la presión alta y una propuesta ofensiva reconocible incluso en un escenario de máxima tensión. El propio técnico aseguró tras el encuentro que había sido “el mejor partido” desde su llegada al banquillo franjirrojo.
El fenómeno Mendilibar en Grecia
Ese contexto conecta directamente con el fenómeno Mendilibar. En 2024, el técnico de Zaldibar llevó al Olympiacos a la primera final europea de su historia y posteriormente conquistó la Conference League frente a la Fiorentina. Lo hizo además apenas un año después de haber ganado la Europa League con el Sevilla, consolidando una trayectoria europea construida desde la naturalidad competitiva y la convicción táctica.
Las similitudes entre ambos casos van más allá del origen compartido o de la nacionalidad. Mendilibar aterrizó en Grecia para rescatar a un equipo irregular y terminó guiándolo hacia una gesta continental inesperada. UEFA describió aquella historia como una continuación del “cuento de hadas” que ya había vivido en Sevilla. Iñigo Pérez, salvando las distancias temporales y de experiencia, está construyendo un relato parecido en Vallecas: un equipo de presupuesto limitado, una idea futbolística muy marcada y una plantilla que ha crecido alrededor de una identidad colectiva.
También hay un paralelismo emocional. Mendilibar insistió durante toda aquella aventura europea en que el éxito llegaba por no alterar la esencia del equipo en los grandes escenarios. “Tenemos que hacer lo mismo que nos llevó hasta aquí”, afirmó antes de la final contra la Fiorentina. Esa misma sensación transmite hoy el Rayo de Iñigo Pérez: un conjunto que no ha renegado de su estilo para competir en Europa y que ha llegado a la final precisamente siendo reconocible.
La comparación cobra todavía más fuerza porque ambos representan una figura cada vez menos habitual en la élite: la del entrenador que prioriza el funcionamiento colectivo por encima del nombre propio. Ni Mendilibar ni Iñigo Pérez aterrizaron en sus respectivas aventuras europeas rodeados de estrellas mundiales. Sin embargo, ambos consiguieron que sus equipos jugaran con una personalidad que superó las diferencias económicas frente a rivales teóricamente superiores.
Todavía queda el último paso. Mendilibar logró convertir aquella historia en un título inolvidable para el fútbol griego. Iñigo Pérez aún tiene por delante la final de Leipzig. Pero, gane o no el trofeo, el técnico del Rayo ya ha conseguido algo muy parecido a lo que logró su compatriota: demostrar que en el fútbol europeo todavía hay espacio para los equipos valientes y para entrenadores capaces de competir desde las ideas antes que desde el presupuesto. Todo ello, con su futuro en el aire cuando se le ha relacionado con el Villarreal, rumores que han aumentado cuando Marcelino García Toral ha anunciado de manera oficial la salida del club una vez finalice el presente ejercicio. Ajeno a esos rumores, el preparador navarro sólamente se centra en terminar el curso de la mejor manera posible: dejando al equipo en Primera División y, quién sabe, quizás con un título bajo el brazo.
"Queremos traer la copa"
Iñigo Pérez dijo que el duelo de este jueves en la vuelta de las semifinales de la Liga Conferencia frente al Estrasburgo fue "el mejor partido realizado" desde que dirige al equipo desde febrero de 2024 y aseguró que el objetivo, siendo ambicioso, es "traer la copa" a Vallecas. "Creo que es el mejor partido realizado desde que tengo la fortuna de dirigir al Rayo por el nivel de juego ofensivo, defensivo y el condicionante que generalmente genera bloqueo por lo que hay en juego", dijo Iñigo Pérez, en declaraciones a Movistar+.
El técnico navarro reconoció que "cuando estas haciendo un buen partido, generas y no llega el gol, el cerebro se conecta con situaciones en las que has merecido ganar y acabas penalizado". Uno de los protagonistas del partido fue el uruguayo 'Pacha' Espino, que no iba a ser titular pero acabó saltando de inicio debido a la lesión en el calentamiento del internacional marroquí Ilias Akhomach. "Sé lo que produce 'Pacha' en la gente y el partido que ha hecho no lo hace cualquiera. Es un jugador que nos da mucho, que tiene un compromiso bestial con el grupo y que hace todo bien", comentó Iñigo Pérez, que también destacó a Batalla, un seguro bajo palos.
"Hizo un gran partido aparte de la parada del penalti en un momento que, aunque sabes que estas cerca de la clasificación, les hubiera permitido tener cuatro minutos de explosión y sostener eso no es fácil", manifestó. En la final, el Rayo se enfrentará al Crystal Palace inglés, que eliminó en su semifinal al Shaktar Donestk ucraniano. "Un gran equipo pero no se entiende que a una final llegue alguien que no tiene nivel. Es un equipo precioso para que quede en el recuerdo. Será bonito ver una final contra ellos pero cuando llegue hablaremos pero la queremos traer", concluyó.