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Pepa RedínPresidenta de la Asociación Navarra de Medicina de Familia

“Hace falta otro modelo de Atención Primaria; vamos desfasados con las nuevas necesidades de la población”

Pepa Redín advierte de que sigue habiendo una “crispación muy intensa” en los profesionales y aboga por reducir los trámites burocráticos que tienen que asumir los médicos de Familia

“Hace falta otro modelo de Atención Primaria; vamos desfasados con las nuevas necesidades de la población”Oskar Montero

Pepa Redín Sagredo (Pamplona/Mendavia, 1990) llega puntual a la entrevista con DIARIO DE NOTICIAS, a las 8 en punto de la mañana. Es un día que ha madrugado bastante menos de lo habitual porque tiene que asistir a unas jornadas en la Facultad de Ciencias de la Salud de la UPNA, pero de normal a las 8.00 de la mañana está ya con el fonendoscopio al cuello en el centro de salud de Ezcároz/Ezkaroze o en alguno de los consultorios que van desde Aspurz hasta Esparza de Salazar, donde tiene adjudicada su plaza.

Redín siempre ha estado vinculada a la Atención Primaria y, en concreto, a las zonas rurales, primero en la zona básica de Lodosa y actualmente en el Pirineo. Desde 2022 ostenta la presidencia de la Sociedad Navarra de Medicina de Familia y Comunitaria (NamFYC) en un momento en el que el sistema sanitario, y en especial la Primaria, afronta una serie de retos a futuro. El principal, adaptarse a los cambios en las necesidades de la población, para lo que Redín aboga por diseñar “un nuevo modelo de Atención Primaria” y por poner en valor la imprescindible labor que se realiza en el día a día de los centros de salud:tratar los problemas de las personas teniendo en cuenta su contexto social y familiar.

¿Qué le llevó a ser médica de Familia?

–Mi madre también es médica y hace años estuvo trabajando un tiempo en el pueblo y cuando bajábamos siempre se acercaban muchos vecinos a hablar con ella y a consultarle cosas. Incluso a día de hoy le sigue pasando y eso que hace mucho que no trabaja en Atención Primaria. Ese vínculo que se crea con los pacientes siempre me ha parecido muy bonito y tenía claro que es lo que quería hacer yo.

Ese vínculo y esa cercanía son una de las fortalezas de la Atención Primaria, ¿no?

–Sí, pero no es solo un punto fuerte, sino que es nuestra herramienta principal de trabajo. Técnicamente lo llamamos longitudinalidad. Al final, te conoces con el paciente a lo largo de la vida, entablas una relación y, aunque venga a tratarse un problema de salud, yo sé que tiene tal problema en casa, la relación familiar que tiene, si está al cargo de alguien... Saber eso me da otras herramientas para, además de tratar su catarro, su diabetes o la demencia que empieza a surgir, adaptar ese tratamiento a su vida concreta. De hecho, ese enfoque deberíamos tenerlo todos los profesionales de Primaria, no solo los médicos.

Los resultados de este trabajo son más difíciles de cuantificar que en otras especialidades, ¿no?

–Lo que hacemos en Primaria es más difícil de ver porque es un trabajo mucho más lento: hay que ver cómo se trabaja en el entorno, qué necesidades hay en el territorio, etc. el ciclo de acción es más lento que en especialidades hospitalarias. Además, aunque empieza a haber más evidencia científica de qué medir y cómo medir en medicina comunitaria, seguimos usando indicadores para valorar nuestra actividad que están enfocados en valorar enfermedad y no es el enfoque que se debería tener en la Primaria. En lo que somos muy buenos es en mejorar la salud de toda la comunidad, es lo que se conoce como la paradoja de la Atención Primaria: las patologías concretas se tratan mucho mejor a nivel hospitalario, sin embargo los indicadores de calidad de vida y bienestar son mucho mejores en Primaria.

Tras la pandemia se decía que la Atención Primaria se había quedado muy tocada. ¿Se ha mejorado en estos años?

–Se han intentado hacer cosas pero es verdad que hay dos cuestiones que lastran: el malestar de los profesionales y un modelo que ya no sirve. Sigue habiendo una crispación muy intensa en los profesionales que no se ha terminado de dar la vuelta desde la pandemia. Es un tema complejo y habría que analizar de dónde viene y no quedarnos en discursos superficiales. Por otro lado, creo que estamos intentando apañar la situación actual al modelo anterior de Atención Primaria, que creo que ya no nos sirve porque la población actual no es la de los años 80 y los condicionantes sociales tampoco. Entonces, hace falta un nuevo modelo de Atención Primaria, porque vamos desfasados con las necesidades de la población.

¿Hacia qué modelo cree que habría que transitar?

–Es verdad que ha cambiado mucho Navarra en los últimos años, pero además desde el propio sistema llevamos muchos años dando el mensaje de: “No se automedique; consulte a su médico...”, y hemos creado unas necesidades de atención a la gente que las hemos generado nosotros. Cuando éramos críos nuestras madres o abuelas no nos llevaban al medico por dos días de fiebre. Ahora, sobre todo tras la pandemia, en cuanto hay tos, fiebre o malestar se va al médico... Claro, hemos ido dando mensajes contradictorios y la gente ha aprendido lo que buenamente ha podido. A mí no me gusta ese mensaje culpabilizador del usuario porque genera malestar y también porque hay una ley que dice que si no llevas el papelito de la baja en tres días te despiden y ese papelito solo te lo puede dar el médico. No tengo un modelo claro pero creo que los fundamentos de la Atención Primaria sirven y habría que ver como lo aterrizamos. Quizá hay que dar más herramientas a la población para que pueda cuidar de su propia salud; que ante un catarro o una gastroenteritis te puedas quedar en casa un par de días con una declaración responsable, sin necesidad de baja, como ocurre en otros países... Con eso ya rebajarías mucho la demanda.

Precisamente la demanda se ha incrementado mucho en los últimos años ante el crecimiento y el envejecimiento de la población...

–Sí, pero también habría que analizar esa demanda: ver cuánto es demanda aguda que se podría encaminar de otra forma, cuánto es de pacientes que van por una baja médica, cuántos son crónicos y personas mayores, cuánto viene rebotado de Urgencias o del hospital porque le falta una receta o una baja... Al final la referencia para todo lo que falta es la Primaria y así tiene que seguir siendo, pero sería importante ver la demanda para tratar de canalizarla mejor.

Los trámites burocráticos, como las bajas, les quitan mucho tiempo. ¿Cómo podría encauzarse de otra forma?

–Consultas para trámites como las bajas, aunque son muy importantes a nivel legal, la mayoría de veces son puramente burocráticas, es decir, no hacemos una atención clínica y eso es algo que a los profesionales nos desgasta mucho porque tienes la sensación de que aportas poco. Entonces, estaría bien encontrar una fórmula para que un acto burocrático muy necesario sea más ágil y no quite tanto tiempo asistencial a los profesionales. Igual hay que ser valientes y tomar la decisión de hablar con las empresas para que los pacientes, con una declaración responsable, puedan estar unos días de permiso, sin cogerse la baja, ante un catarro o una gastroenteritis, por ejemplo.

La accesibilidad es otro problema evidente...

–Sí, aunque la situación con la accesibilidad no es la misma en unos sitios que en otros. Ahora estamos trabajando con otras asociaciones profesionales para abrir ese concepto de accesibilidad, porque a veces parece que solo hace referencia a las listas de espera o alas colas en los centros de salud, y es algo que va mucho más allá. Por ejemplo, en mi centro de salud el problema de accesibilidad es que no hay transporte, entonces o mantienes los consultorios o la gente que vive en los pueblos no tiene cómo ir a los centros.

La escasez de médicos también afecta especialmente a la Primaria, ¿no?

–Sí, pero más que una escasez a nivel global, el problema es que la planificación sanitaria que se hizo a nivel estatal hace años no fue buena, no se previeron todas las jubilaciones que iba a haber. Hay especialidades que tienen demasiados especialistas y hay otras, como Familia, en las que cuesta encontrar a gente. Pero en Atención Primaria hay vacantes que no se ocupan porque no hay profesionales para contratar en lista de trabajo y se han dado casos de plazas cubiertas por profesionales que no tienen la especialidad y eso es ilegal.

¿Esto es algo que ocurre ahora?

–Sí. Durante la pandemia se aprobó a nivel estatal un decreto que permitía esto y ahora se ha usado como excusa para seguir contratando. En Navarra no tanto, pero en otras comunidades es muy llamativo el número de profesionales trabajando en centros de salud sin la especialidad de Medicina de Familia. Aquí es cierto que no ha habido muchos y por lo general estaban en zonas de difícil cobertura. Que un profesional con especialidad da una mejor atención que uno que no la tiene está claro, es un debate ya superado, sino no existiría la especialización. Pero, claro, si no encuentras profesionales y tienes un pueblo sin médico, pues es mejor tener a uno sin especialidad que no tener ninguno, el problema es que abres la puerta a algo muy peligroso que es volver al sistema anterior de ambulatorios en el que sales de la carrera y te pones a trabajar sin haber hecho el MIR, que me parece fundamental.

Ahora se están adjudicando las plazas MIR. El año pasado se cubrieron todas las plazas, pero ha habido años que han quedado vacantes libres y es algo que ocurre en todo el Estado. ¿Cuesta atraer a los nuevos estudiantes a la Primaria?

–Yo creo que ese discurso no es cierto. Es verdad que hace décadas, cuando había pocas plazas y muchos opositores, se cubrían fácil, pero cuando yo hice el MIR en 2015 ya ocurría esto. Lo que pasa es que hay muchas más plazas que en otras especialidades, pero lo importante es que no queden vacantes. Al final, que elija Familia el 1º, el 1.000º o el 5.000º del MIR me da igual, porque el examen MIR no determina quien va a ser mejor médico. Entonces, yo esos discursos de que la Medicina de Familia no se elige y que se elige tarde pues no los comparto. Ya digo que lo fundamental es que se llenen las plazas.

¿No cree que haya una falta de atractivo de la Atención Primaria?

–Creo que la Medicina de Familia nunca ha tenido mucho prestigio en relación con el hospital. Los hospitales son centros de conocimiento y se generan dinámicas de docencia, de investigación, etc. que también hay en la Primaria pero más a nivel local. Lo que tendríamos que hacer es visibilizar más lo que se hace en la Primaria, que la verdad es que nos cuesta mucho que se vea. La asignatura de Familia dentro de la carrera de Medicina es relativamente reciente y esto es algo clave porque si no rotas en los centros de salud no los vas a conocer. En la UPNA se ha hecho una apuesta muy fuerte por enseñar la Primaria a los estudiantes: se rota en 2º, hay asignatura en 4º y se vuelve a rotar en 6º. Es algo pionero, porque en el resto de universidades la rotación se empieza a hacer más tarde, en 5º y 6.

Ahora están empezando el MIR las primeras hornadas de estudiantes de Medicina de la UPNA, ¿esto puede ayudar a paliar la escasez de facultativos?

–Nosotros tenemos la esperanza de que con este plan de estudios se quieran venir más a la Atención Primaria, pero, claro, no tenemos la seguridad de que vaya a ser así.