Por una economía con corazónJavier Bergasa
En estos agitados tiempos de WhatsApp, Tik Tok, consignas y demagogia, pasar una mañana de sábado escuchando, reflexionando y dialogando en grupo podría considerarse un acto de resistencia, revolucionario incluso.
Respondiendo a la invitación de Solasbide, a eso se han dedicado hoy medio centenar de personas de los ámbitos académico, político, social y cultural de Navarra. Lo hicieron, eso sí, en un lugar poco dado a las revueltas: el Seminario de Iruñea. Allí analizaron la relación entre vida cristiana y economía, dedicando la mitad del tiempo a poner sobre la mesa los males del sistema económico; y la otra mitad, a vislumbrar los rayos de luz anunciadores de una economía más humana.
Camino Bueno, presidenta de Solasbide, recordó al inicio de la jornada una clara y contundente frase del papa Francisco: “Esta economía mata”. Por eso reclamó un cambio de los principios, “que pasa por la opción en favor de los vulnerables y la primacía del bien común”.
Decrecimiento y sobriedad
Fernando Armendáriz pidió superar la indiferencia. “La injusticia nos tiene que conmover y mover”, señaló. Reclamó también una apuesta por el decrecimiento, “porque el planeta tiene sus límites y el crecimiento ilimitado es un sinsentido”. En su opinión, una nueva economía pasa por el principio de sobriedad como modo de vida: “Cuantas más cosas tienes, más esclavo eres”, concluyó.
El parlamentario de Contigo-Zurekin Carlos Guzmán apuntó “las dos amenazas” de nuestro modelo económico: “La guerra, necesaria para mantenerlo, y el cambio climático”. Coincidió con Armendáriz respecto al decrecimiento: “Es necesario romper con la idea del crecimiento ilimitado y sustituirlo por un sistema que busque el bienestar, tanto de las personas como del planeta”.
Mikel Aranburu, profesor de Filosofía, se refirió al magisterio de los papas Francisco y León XIV como referentes mundiales que reclaman una economía más humana. “También podemos citar a San Juan Pablo II –añadió-, quien declaró la primacía del trabajo sobre el capital”. Tras reclamar “una economía con corazón”, citó las cooperativas como interesante alternativa al modelo empresarial clásico.
El teólogo Guillermo Múgica reivindicó “priorizar lo común” para humanizar la economía. Y más allá de tomar como referencia a los papas, defendió “ir a las fuentes, que las hemos olvidado: al Evangelio, al mensaje de Jesús”.
Roberto Oiz hizo una defensa de la política como camino esperanzador. “Es difícil dejar el cambio de un sistema económico poco humano a la iniciativa individual. Hay que apoyar una opción colectiva y, para ello, la política es la única esperanza”.
“Toda marca prestigiosa es una estafa”
El economista Jesús Muruzabal se refirió a la enseñanza de la economía en las universidades y, sobre todo, en las escuelas de negocios. “Creo que en estas últimas no se habla más que de beneficio, no existen los valores”. Como contrapunto a una visión de la economía pesimista, opinó que “vivimos mejor que hace cien años, hay más trabajo y más riqueza, la cuestión es cómo repartimos dicha riqueza. Y esa es una cuestión política”.
También la inteligencia artificial fue objetivo de varias reflexiones. Lucio Zorrilla, por ejemplo, apuntó “sus grandes posibilidades y potenciales peligros”. En su opinión, “el mundo debe ponerse de acuerdo en garantizar su control antes de que la amenaza se cumpla”.
Sixto Jiménez, economista, habló de nuestra responsabilidad como consumidores. “Cada vez que compramos, votamos. Tengamos en cuenta que toda marca prestigiosa es una estafa, con consecuencias perversas. Por eso, desprestigiar las marcas es una revolución”. Puso el acento también en la fiscalidad: “La pirámide de impuestos está invertida: el más listo paga el cincuenta por ciento; el más pobre, el dieciséis por ciento de IVA; y el más rico, menos del cinco por ciento”. Criticó a los medios de comunicación de la Iglesia española por desprestigiar a la clase política y la fiscalidad, al tiempo que alabó la sensibilidad social del papa Francisco, “pontífice insólito al que llegaron a tachar de comunista”.
La escucha de muchos de los testimonios hizo recordar al cronista una frase del teólogo Hans Küng. En su libro Lo que yo creo, refiriéndose a la humanización de la economía, propone una fórmula tan sencilla de proclamar como difícil de aplicar: que la ética guíe la política y esta, a su vez, controle la economía. No sería un mal resumen de lo escuchado ayer en la jornada de Solasbide.
Reflexión y diálogo desde el compromiso cristiano
Solasbide surgió en 2011, impulsado por un grupo de cristianos navarros con una marcada sensibilidad social. Fomentan la reflexión y el diálogo en torno a los derechos humanos, la dignidad de las personas, la justicia social, la solidaridad y la búsqueda de la paz.
Pertenecientes al movimiento católico internacional Pax Romana, los miembros de Solasbide analizan cada curso un tema relacionado con sus preocupaciones. Como cierre del ciclo, en mayo invitan a un heterogéneo grupo a unirse a la reflexión.
Hasta ahora, entre otros temas, han tratado la dimensión pública del hecho religioso, los jóvenes y Europa, el empleo digno, el cuidado de la casa común y la necesidad de un humanismo nuevo e integral.