Aitor Merino: "La cámara se convirtió en casa en un comensal más"

"Fantasía" es el nombre de la película que presenta Aitor Merino, cineasta y actor donostiarra criado en Pamplona, y también el del buque en el que hizo un crucero junto a sus aitas y su hermano para celebrar el 50 aniversario de casados de los progenitores, es una historia familiar que viaja alrededor de los sentimientos, de la vida de dos jubilados y de la vejez

10.12.2021 | 14:28
Aitor Merino ha firmado su película más personal, "Fantasía", una historia que protagonizan sus padres.

Aitor Merino ha vuelto a las salas de cine, y con un proyecto muy personal titulado Fantasía, una grabación que parte de un viaje en familia que le incluye a él, a sus padres y a su hermana Amaia, también cineasta. Los aitas no sabían que lo que recogía la cámara durante la celebración de su 50 aniversario de casados, y también en su vida cotidiana en casa, se iba a convertir en una película, lo que aporta credibilidad y frescura a las imágenes. Ahora están fascinados con el resultado que han conseguido sus hijos.

¿Qué es Fantasía?

Muchas cosas. En este caso es una película, un lugar en alta mar, un sitio donde parece que el tiempo no pasa, pero rodeado de un horizonte en el que la vida sí que pasa. Fantasía es un lugar idílico en el que nos gustaría quedarnos, pero en el que es imposible permanecer eternamente.

¿Cómo surge esta fantasía hecha película?

Los aitas querían celebrar su 50 aniversario en un crucero y deseaban que nos reuniéramos mi hermana Amaia, que en esos momentos todavía vivía en Ecuador, y yo. Ella ha estado 24 años fuera y yo también llevo muchos años lejos de Pamplona. Con los hijos fuera, para ellos era un sueño que nos pudiéramos juntar.

Y decidió grabar la experiencia de los cuatro juntos yéndose de crucero.

Todo surgió cuando nos enteramos del nombre del buque. Me llamó mi hermana y me dijo: Aitor, ¿sabes como se llama el crucero? Fantasía. Y le dije: Llevemos la cámara. Fue una travesura, porque a los aitas no les dijimos nada, no les comentamos que queríamos hacer un experimento cinematográfico.

¿Un experimento?

Es que cuando empezó el crucero no sabíamos si lo que queríamos grabar iba a acabar en una película, un cortometraje o simplemente lo guardaríamos para nosotros.

¿Qué les pareció el viaje?

Fascinante. Al principio nos llamaban la atención todas las cosas del barco, la horterada que es un crucero, pero enseguida la cámara comenzó a girarse hacia los aitas y nos dimos cuenta de que toda la atención se iba hacia ellos.

¿Fantasía es la historia de un crucero de una forma personalizada?

Es mucho más, por lo menos para mi hermana y para mí. Cuando Amaia se volvió a Ecuador y yo regresé a Madrid la vida volvió a ser como antes del crucero, hasta que decidí regresar en vacaciones de Navidad a casa, a Pamplona, con una cámara.

Pero no tendrá nada que ver la grabación en casa con la realizada en el crucero...

Es que si la película iba a tener ese lugar idílico llamado Fantasía como un sitio de nostalgia al que querer volver, debería tener también su parte de realidad, y para ello comencé a grabar el día a día de jubilados de los aitas. Quería grabar su vejez y el paso del tiempo.

¿La vejez de los padres no es un tema duro para usted?

Se podría decir que es ley de vida, pero también existe ese miedo al día en el que no estén, y sentíamos la necesidad de retratarlos. Además, ellos no han sido conscientes de que yo estaba jugando con la cámara. Todo era realidad pura y naturalidad.

¿Y qué dijeron cuando se enteraron de que se habían convertido en los protagonistas de una película hecha por sus hijos?

Tardaron un año en enterarse. Ellos me veían grabar, eso estaba claro, pero pensaban que estaba haciendo un vídeo para tenerlo como recuerdo.

Así que los tenía totalmente engañados.

Ja, ja, ja... Es una forma de verlo. No quería que se sintieran intimidados y se cortaran a la hora de ser ellos mismos. Así estuve un año, hasta que tuve que decirles que lo que estaba haciendo con ellos era para una película. Al principio se quedaron un poco en shock y recordaron todos los momentos tan íntimos que tenía grabados, pero al mismo tiempo me dijeron que confiaban plenamente en mí, y así lo han hecho.

¿Se acostumbraron a ver un objetivo enfrente?

Sí, claro, la cámara se convirtió en un comensal más en las reuniones familiares. Hacíamos vida normal, solo que yo iba con la cámara y les daba la turrada todo el día. Después, ellos se olvidaban de que les estaba grabando y seguían con su vida normal.

Merino está ahora escribiendo ficción y teatro. Foto: Jorge Fuenbuena.

¿Y les ha gustado el resultado final? ¿Sienten que hicieron bien confiando en su hermana y en usted?

Están encantados, y eso que yo pensé que les iba a dar más pudor. La amatxo es consciente de que va a ser vista bailando desnuda en el pasillo...

¡Hala!

Ja, ja, ja... Y también vemos al aitatxo sin la dentadura postiza, esa dentadura de cero caries. Les da cierto pudor, pero al mismo tiempo les hace gracia. Además, están contentos. Está siendo una buena excusa para volver a vernos, reunirnos en el cine, hacer encuentros con el público... La verdad es esa, que están encantados.

¿Qué fue lo último que había hecho antes de presentar esta fantasía familiar?

He trabajado en una serie que se llama Intimidad, es de Netflix y todavía no se ha estrenado. También he estrenado una obra de teatro que llama La vida a hostias, y estoy escribiendo dos guiones de ficción y una obra de teatro.

Que no para, vamos.

No. Trabajo mucho, aunque entre pitos y flautas no gano demasiado, pero me las apaño.

Muchos años ya en la profesión...

Empecé de niño, así que llevo más de 35 . Me fui a Madrid en 1989 para estudiar Arte Dramático, y desde entonces, allí estoy.

Asier eta biok y Fantasía son sus trabajos más personales.

Sin duda. Además, no tiene nada que ver trabajar a las órdenes de otros directores que hacerlo en historias que son autobiográficas, pero hay diferencias. Asier eta biok la dirigí junto Amaia y Fantasía es el producto de un equipo más grande. La dirección la firmo yo, pero lo que hacía era grabar en Pamplona a los aitas y luego regresaba a Madrid con todo el material. Y aunque parece una película muy de autor, lo cierto es que hay una autoría muy compartida. Con Ainhoa Andraka, que es la montadora y coguionista, además de productora -también lo fue de Asier eta biok-, hemos estado codo con codo los cinco años en los que he ido grabando y llevando el material a Madrid. También están en el equipo Zuri Goikoetxea y Amaia, mi hermana, que se unía a temporadas.

Ha dicho "la horterada del crucero". ¿Era su primera vez?

Sí, y no creo que vuelva. Tengo que decir que lo pasamos muy bien, pero mientras estábamos en el crucero había un montón de personas que morían en el Mediterráneo, y eso te hace sentirte mal. Tú estás en un viaje de vacaciones y otros mueren por buscar una vida mejor. Terrible, si te paras a pensarlo.

Sin olvidar tampoco que esos barcos son máquinas de contaminar.

Sí, eso también lo pensamos. Son monstruos contaminantes que no traen nada bueno al planeta. Incluso me da cierto pudor que la película pueda ser una forma de publicidad a esa manera de viajar.

Aunque viajar puede llegar a ser muy contaminante en cualquier medio.

Es terrible, ya digo, y aunque lo pasamos muy bien pienso que los cruceros son una cosa tremenda. Igual habría que abolirlos.

¿Qué tipo de crucero hicieron ustedes?

El nuestro tenía un recorrido muy interesante. Empezó en Barcelona, siguió por Marsella, Génova, Nápoles, Sicilia, Malta y Palma de Mallorca. El final, de nuevo en Barcelona.

¿Pudieron ver lo que ofrecen estos lugares? Algunos cruceristas dicen que apenas hay tiempo de ver nada...

No vimos tanto como nos habría gustado, pero sí que viajamos por las ciudades, aunque en la película eso no aparece. Hemos preferido poner lo que tuviera que ver con alta mar.

¿Repetirían sus padres el crucero?

No, pero si fuera la condición para estar con nosotros irían a la punta del Everest. El aita es de los que se negarían a hacerlo de nuevo por razones anticontaminantes y porque le parece algo muy obsceno. No creo que volvamos.

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