Travesía en el desierto para una marca nacida con expectativas de éxito

El acuerdo entre PP y Cs en la CAV subraya la deriva de las derechas y exhibe sus severos limites

02.03.2020 | 01:35

pamplona – El paso de los meses ha ido descubriendo los riesgos y errores de la estrategia de UPN, diluida en otra marca, con un socio centralista como Ciudadanos, y un PP en profunda crisis presidido por Casado, que fía su recuperación a reagrupar a la derecha, incluso a una parte de la extrema. Al tiempo que Ciudadanos, vía Arrimadas, cocina su supervivencia en la encimera del PP. Necesidades y urgencias respectivas aparte, no parecen los mejores mimbres para ganar centralidad.

UPN se las prometía muy felices en una experiencia de coalición potencialmente exportable a otros territorios. Pero ahora que la fórmula puede extenderse, la dirección regionalista tendrá más difícil virar de estrategia. El PP ha decidido descongelar una suerte de postaznarismo revenido, bajo el patronazgo de un Pablo Casado que acaba de cumplir 39 años, y que por lo tanto era un quinceañero cuando Aznar accedió por primera vez a la Moncloa.

En esta delicada coyuntura para UPN, parece moverse algo el debate estratégico, más que ideológico, dentro de un partido que además de compartir proyecto con PP y Ciudadanos, mira de reojo a Vox. Demasiadas mochilas para una dura travesía de oposición frontal de Navarra Suma tanto en el Parlamento de Navarra como en el Congreso de los Diputados. UPN hasta ahora no había hecho autocrítica, aunque parece que la candidatura de Sayas va a abrir la espita, apuntando a la necesidad de que el partido salga de su endogamia. Curiosamente, el Congreso de UPN coincidirá prácticamente en el tiempo con el 25 aniversario de la fundación de Convergencia de Demócratas Navarros. Un proyecto que se fue lastrando con rapidez hasta prácticamente volver asimilado a la casa madre, sin olvidar el salto de Carlos Pérez-Nievas a Ciudadanos.

contrastes El portavoz de la formación naranja en Navarra afirmó en mayo del año pasado que Navarra Suma "implica ser capaces de aparcar las diferencias para recolocar a Navarra en el marco de la Constitución". Meses después, el pasado enero, en el primer pleno del año en el Parlamento, espetó a María Chivite: "usted no tiene el mandato del pueblo navarro para ser presidenta". Así las cosas, Pérez-Nievas apoya a Inés Arrimadas en las primarias por liderar el partido, y en caso de resultar vencedora, el político tudelano formará parte de su Ejecutiva en el puesto 32.

Hoy, un cuarto de siglo más tarde, en UPN no hay un nuevo Alli ni se le espera, a pesar de que los cambios sociales, y la soberbia de la derecha facilitó hace ya un lustro un cambio de profundo calado en Navarra, readaptado en 2019 y en plena vigencia, que discurre en paralelo a otro cambio importante en la Moncloa. Por más que en julio del año pasado Esparza siguiese hablando de Navarra como cuestión de Estado, ese mismo Estado en su vertiente más lúcida, tras un intensísimo calendario electoral, bastante tiene con gestionar su oportunidad de distensión con el independentismo y los riesgos que acarrea la irrupción de Vox en la sociedad española. Para desesperación del PP, Cs y UPN, la moción de censura que tumbó al PP en 2018 se vio refrendada por dos veces en 2019, y ha terminado dando lugar a un ejecutivo de coalición PSOE-Unidas Podemos. La correlación de respectivas fuerzas frustrará mucho más a los morados que a los socialistas, pero articula una etapa nueva. A ver si va a resultar que la manida 'segunda Transición' comienza de verdad a dibujarse bajo el cuño y pilotaje de un gobierno de izquierdas.

misión imposible Esparza quiso la cuadratura del círculo: pactar con los populares y anaranjados, absorber potencial electorado de Vox, y que el Partido Socialista se prestase a este entendimiento como subalterno. Una paleta de colores imposible de mezclar. Algo así como cuando Barcina pactó en 2011 con el PSN y pretendía labrar una buena relación con Rajoy. En política hay que elegir, y apechugar con la elección. Eso, o tener unas dotes de equilibrismo en las que solo se manejan políticos muy templados o directamente ambiguos. Algo poco frecuente en la derecha navarra. Con todo, es posible que Esparza retenga la dirección, gracias también al capital interno de Enrique Maya, que está a su vera, o al apoyo del alcalde de Tudela, Alejando Toquero, entre otros. Pero presentada la candidatura de Sayas, en tiempos de primarias para outsiders, un punto de incertidumbre se cuela en el aparato. Viene mes con fricciones. Pase lo que pase, tras el Congreso tocará aunar posiciones. Veremos si a partir de ese momento UPN muestra signos de viraje.

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